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El PSOE truncó las esperanzas de miles de personas menores que siguen siendo acosadas en las escuelas y miles de adolescentes que tienen miedo de ser agredidas en las calles.

Fuente (editada): HUFFINGTON POST | Mar Cambrollé | 21/05/2021

Las personas trans hace más de cuatro décadas fueron las víctimas de un sistema dictatorial e inmisericorde que de manera brutal se cebó contra ellas. Desarraigo familiar, abandono de los estudios, desahuciadas por la medicina pública, con un mercado laboral que solo se abría por la puerta del espectáculo en antros, para divertir a la burguesía y alegrar las clandestinas noches de amores prohibidos o las abocaba a la prostitución.

La subsistencia, comer, vestir y pagar una habitación donde resguardarse del frío, del frío de un sistema que si te veía circular por las calles terminabas en prisión. Cubrir las necesidades básicas no dejaba hueco para la resistencia organizada. Esta recayó en gais que, aunque también perseguidos y estigmatizados, pudieron utilizar el privilegio cisnormativo para poder tener una estabilidad económica, incluso terminar en la universidad o con un trabajo reglado.

Esto sin duda marca la organización contra la disidencia sexual que recayó y fue abanderada por gais, sin obviar que la visibilidad desafiante contra las normas, el orden y las buenas costumbres, fue asumida per se por las personas trans y las disidentes de las normas de expresión de género. La visibilidad intrínseca a las identidades trans las hizo diana de los peores maltratos, que no terminaron con la abolición de la Ley de Rehabilitación y Peligrosidad Social, sino que continuaron hasta bien entrada la democracia por la Ley de Escándalo Público, abolida a finales del 1987.

De igual modo fueron el objetivo de los grupos nazis, que en los 80 salían a la caza del travelo. El peor recuerdo de estos ataques fue el asesinato de Sonia Rescalbo en Barcelona, asesinada a patadas por uno de estos grupos.

A finales de los 80 y principio de los 90, se autoorganizaron las personas trans (mujeres) ante la persecución policial y el ataque de los grupos nazis. Así nace la Asociación Española de Transexuales (AET-Transexualía) en Madrid y el Colectivo Transexual de Cataluña (CTC) en Barcelona. Desde entonces fueron apareciendo nuevas organizaciones específicas de personas trans en distintas comunidades del Estado español para implicarse de una manera directa en el abordaje de las discriminaciones y la demanda de derechos para una igualdad plena.

En 2015, se constituye la Federación Plataforma Trans para aunar esfuerzos, ser las sujetas activas de las políticas y estrategias que nos conciernen y, sobre todo, para demandar una ley trans integral de carácter estatal. Hoy la Federación Trans tiene presencia en 12 comunidades autónomas, representando entre todas las entidades federadas a más de 4.700 personas trans y ostentando la vocalía de defensa de la dignidad y derechos trans en el Consejo Nacional LGTBI.

De igual modo, a finales de 2013 las familias de menores trans empiezan a organizarse, dando lugar a día de hoy a entidades muy representativas tanto a nivel estatal como territorialmente.

De este modo, nace un sujeto político en la escena del asociacionismo civil: las organizaciones trans y de familias, que por nuestra propia naturaleza hemos confluido, constituyendo una fuerza que tiene incidencia política, social y mediática.

En la demanda por la ley trans hemos conseguido unir a fuerzas políticas con principios ideológicos dispares, creando lo que podríamos denominar el “bloque por la defensa de los derechos humanos de las personas trans”, que en su antónimo también se le ha puesto rostro a las fuerzas que bajo un mismo argumento ideológico antiderechos trans encuentran su afinidad y que hemos nombrado como el transfachito.

Lo alarmante es que en este transfachito ocupe un espacio en la fuerza política que ha tenido una trayectoria histórica en la defensa de la igualdad social, como es el PSOE. Algo muy peligroso porque desde esta formación es desde donde se ha elaborado una teoría ideológica antiderechos trans, que para fundamentar sus dogmas no duda en recurrir a afirmaciones ya superadas por las políticas de igualdad y por el feminismo, al que perversamente han utilizado para esconder su discurso de odio hacia las personas trans y con mayor violencia hacia las mujeres trans. Para ello, han resucitado el rancio y obsoleto esencialismo genitalista haciendo uso de la “biología” como un elemento binario, homogéneo y contrario a la propia diversidad de la naturaleza.

La implantación de esta ideología como elemento de control y retención del poder institucional y social, se ha llevado a cabo a través de referentes del PSOE que han desempañado distintos roles. Amelia Valcárcel se ocupó de la elaboración teórica y la propagación académica, Ángeles Álvarez de la agitación en redes a través de perfiles como “Contra el borrado de las Mujeres” y Carmen Calvo ha sido el brazo ejecutor a nivel orgánico, político y gubernamental. Y tiene fines bélicos en su guerra de tierra quemada contra el Ministerio de Igualdad, porque ya no está en sus manos, y contra la irrupción de un feminismo joven que no controlan. Conocedoras del poder movilizador del odio y su ambición por ostentar este poder, somos las personas trans el elemento a odiar.

Asimismo, se pudo comprobar en las exposiciones del voto en contra de PP y Vox a la admisión a trámite de la ley trans que se produjo el pasado martes 18 de mayo en el Congreso, estas formaciones fundamentaron su oposición a la norma haciendo alusión explicita a los argumentos del “feminismo” transexcluyente del PSOE. Es decir, se han constituido en el referente antiderechos trans del que bebe la ultraderecha, arrastrando hacia estas posiciones también a una derecha, la del PP, que en los últimos tiempos había suavizado sus posturas votando a favor de leyes trans en diferentes comunidades y que en 2019 formaba parte del consenso político a favor de la libre determinación de la identidad sexual y expresión de género.

Con la caída de la ley trans en el Congreso, España ha retrocedido más de 10 años en derechos. El último y único responsable fue el PSOE, quien de manera deliberada con su voto truncó las esperanzas de miles de personas menores que siguen siendo acosadas en las escuelas y miles de adolescentes que tienen miedo de ser agredidas en las calles. Como es responsable de la impunidad de la “caza del travelo” que circula en las redes sociales, de los cerrojos y la incertidumbre para la incorporación al mercado laboral, y de seguir sufriendo una ley de rectificación del cambio de nombre y sexo que es inconstitucional por haber excluido a menores y que atenta contra la dignidad de las personas trans.

En esta lucha nos hemos fortalecido, conectamos con la sociedad, con la juventud LGTBIQA+. Somos referentes para los medios de comunicación, y las fuerzas políticas nos reconocen. Se ha tejido una alianza y construido una red con colectivos LGBTIQA+ de diferentes territorios: Cataluña, País Vasco, Andalucía, Madrid, Galicia… que ha emergido como la contrahegemonía de viejas y serviles organizaciones desconectadas de la calle, al servicio del poder y con políticas centralistas, que en la demanda de la ley trans se han prestado de nuevo para lavar la cara al culpable del bloqueo de los derechos trans: el PSOE, señalando de manera cruel y sin sentimiento de hermandad a los colectivos trans y de familias.

Lo que sucedió el martes de ninguna manera ha sido una batalla perdida. Hemos quitado caretas y ahora podemos llamar a las cosas por su verdadero nombre, algo que es imprescindible para la conquista de la ley trans. Porque habrá ley trans.