No vamos a tolerar la trampa dialéctica que algunas personas pretenden imponer: nadie pierde cuando se lucha por la igualdad.

Fuente (editada): elDiario.es | Sara Giménez | 4 de junio de 2021

Hace dos semanas tuvimos una gran oportunidad para avanzar en la igualdad real y efectiva de todas las personas. En esa ocasión, debatimos la toma en consideración de la ‘Ley Trans’, una norma que aspira a que ninguna persona pueda ser discriminada por cómo siente o expresa su identidad sexual. La verdad es que esperábamos que todos, pero por lo menos los partidos que dicen defender los derechos de las personas trans, votaran a favor.

Pero el Partido Socialista finalmente se puso de perfil, y su abstención, sumada a los votos en contra de Vox y PP, consiguió que la Ley no saliese adelante.

Hay quienes, también en las filas socialistas, niegan entidad a este debate, tratándolo como un asunto sin importancia, un debate sobre «identidades» frente a los problemas «reales» que en el plano material tienen muchas otras personas. Pero la discriminación que cada día experimentan las personas trans tiene consecuencias muy directas y muy reales para quienes la sufren.

Todavía hoy en España hay personas trans a las que se les niega un alquiler o un trabajo por expresar su identidad sexual. El 85% de las personas trans están en desempleo. Las personas jóvenes trans se llevan muchas veces la peor parte: según varios estudios más de la mitad ha sufrido acoso escolar. Las personas trans también son víctimas habituales de actitudes violentas, que a veces tiene desenlaces fatales, del que nuestro país es triste ejemplo: según el proyecto Trans Respect, España es el segundo en Europa con más personas trans asesinadas por su identidad desde que existen registros. Todo ello sin contar las múltiples humillaciones que se dan en su vida cotidiana, con mofas e insultos, en su mayoría movidos por la ignorancia, la incomprensión y los prejuicios, pero no pocas veces, demasiadas, también por el odio.

Teniendo en cuenta este contexto, la pregunta que se nos planteaba a los grupos parlamentarios la semana pasada era sencilla: «¿Necesita España una Ley Trans?». Para Ciudadanos, nuestra respuesta es un sí claro y rotundo, sin dudas ni matices.

Tenemos que dar respuesta a las diferentes realidades de nuestra sociedad, hacer efectivos los derechos de todas las personas y especialmente de aquellas que forman parte de grupos vulnerables, como el de las personas trans. Y tenemos que hacerlo a través de la definición de un marco legal estatal garantista y riguroso. Una propuesta de carácter integral y transversal que a nuestro juicio se debe construir sobre dos pilares; el reconocimiento del derecho de todas las personas a la autodefinición de su identidad sexual y la despatologización de la transexualidad y de las múltiples vivencias y manifestaciones que constituyen la realidad trans.

La propuesta de una Ley Trans en España no es una novedad en el campo del derecho comparado. Otros países europeos como Noruega, Malta, Portugal, Dinamarca, Bélgica y Luxemburgo ya han aprobado y disponen de leyes análogas en vigor desde hace años.

Esta es otra de las razones por las que sorprende, y mucho, que haya personas y partidos que se permitan frivolizar con la realidad de las personas trans insinuando que cualquiera se «cambia de sexo» como quien se «cambia de camisa» y que reconocer la autodefinición de la identidad sexual llevaría a situaciones constantes de fraude y abuso de Derecho, utilizando la posibilidad de rectificación de sexo para obtener ventajas de todo tipo.

Es un planteamiento no sólo absolutamente irrespetuoso y que denota un profundo desconocimiento de la realidad de estas personas, sino que además se ve desmentido en todos los países donde estas Leyes Trans se han implantado con anterioridad.

Sinceramente, nunca pensé que llegaría a ver al Partido Socialista ser uno de los responsables del rechazo a la tramitación de esta norma, ni pensé que llegaría a escuchar por parte de representantes de partidos políticos algunas de las declaraciones que se han escuchado estos últimos meses en relación a las personas trans.

Como tampoco jamás hubiera esperado ver la firma de una vicepresidenta –y anterior ministra de Igualdad– y de un ministro del PSOE en un libelo, porque sólo así puede calificarse, que ponía en el centro de la diana mediática a las personas trans. Un documento que surgía, cito literalmente, frente a la «polémica creciente respecto a la utilización y la confusión, en ocasiones interesada, de algunos conceptos fundamentales en el feminismo, como son el sexo y el género» y que señalaba como peligroso el que las ideas trans van «ganando terreno en el mundo académico y activista» dado que éstas niegan «la existencia del sexo biológico, por lo que desdibuja y difumina la realidad de las mujeres».

La realidad es que, detrás de toda esta terminología pseudofeminista, lo que se esconde es una negación de la identidad sexual de las personas trans, que es así calificada de ambigua o confusa –patológica, en el fondo-. Algo que, en último término, supone una negación de la propia existencia de una realidad trans por la que ninguna persona habría de sufrir discriminación alguna.

Quiero ser muy clara en este punto. Ciudadanos siempre estará al lado de la libertad y de la igualdad de todas las personas: mujeres, personas trans, y todas aquellas que, por razón de su sexo, su orientación o su identidad sexual, su expresión de género o sus características sexuales sufran cualquier tipo de rechazo, discriminación o violencia.

No vamos a tolerar la trampa dialéctica que algunas personas pretenden imponer: nadie pierde cuando se lucha por la igualdad. Además, me preocupan aquellos discursos que contraponen la lucha feminista con la lucha de las mujeres trans. Porque el feminismo es inclusivo. Es evidente que si avanzamos en la igualdad de las mujeres trans promovemos la igualdad de todas las mujeres. La lucha de las mujeres trans es mi lucha como mujer feminista.