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Autora: Saida García Casuso

Esta semana recibíamos la invitación para asistir a una charla en la Universidad Popular Miguel Delibes de Alcobendas. Ya el mail, que rezaba «Conferencia  “Aprendiendo a comprender a niños y a adolescentes transexuales” para conocer y entender a los niños y niñas que buscan su orientación de género y de sexo. Impartida por: Pilar González Serrano, pediatra perteneciente al consejo científico del Colegio de médicos. Ex vicepresidenta de la Sociedad de  Pediatría de Madrid y de Castilla la Mancha.«, hizo que nos saltaran las alarmas.

¿Qué cuestión sería esa de «buscar la orientación de género y de sexo? ¿Dónde estaban les niñes no binaries en esa ecuación de «niñas y niños que buscan»? Como siempre que nuestras obligaciones nos lo permiten, decidimos asistir al acto con la esperanza de encontrar una aliada desconocida hasta el momento y deseosas de que las señales que nos mandaba el título fueran solamente exceso de celo por nuestra parte. Pero, lamentablemente, no fue así.

Que el lenguaje construye la realidad que nos rodea es una frase que no nos cansamos de repetir. Desde antes de comenzar la andadura de esta Asociación las personas que la componemos debimos llevar a cabo un trabajo de deconstrucción constante (que sigue en marcha y que esperamos no cesará) para poder adaptar nuestro lenguaje a la realidad y no llegar a limitarla con nuestro discurso. Discurso impuesto por una sociedad en la que las directrices las viene marcando la mayoría cisexual que la compone, circunstancia esta que no se debería escapar a ninguna persona, organismo o institución que pretenda hacer pedagogía sobre identidades trans. En la charla de ayer este trabajo de deconstrucción estaba claramente sin iniciarse.

El problema es que habrá quien piense (y diga) aquello de «todo suma», «cada quien hace lo que puede», «hay otras personas que usan otro lenguaje», «lo importante es que se hable del tema»… y alguna excusa más que no me viene ahora a la mente. Pero todo esto no dejan de ser argumentos de gente cis para no tener que remover sus cimientos tránsfobos y su sensación de seres superiores, o de, lamentablemente, personas trans que se han visto influenciadas por el discurso cisexista imperante, hasta llegar a hacerlo propio.

La realidad es que algunas de las personas que acudieron ayer a la charla no van a volver a escuchar hablar del tema en su vida o escucharán otros discursos y ya no sabrán a cuál hacer caso (teniendo en cuenta sobre todo que el de ayer lo daba una persona con título y, por lo tanto, a la que se dota de un estatus de supremacía social y de garantía de veracidad).

No todo suma. Imagen II

La realidad es que ayer se habló de «sexo biológico» como si tal cosa existiera y no fuera una construcción más que permite mantener a cada ser en el lugar que le conviene al sistema.

La realidad es que ayer se habló de disforia como definición de transexualidad.

La realidad es que ayer se habló de proceso transexualizador cuando es un término que aúna toda la violencia ejercida históricamente sobre las identidades trans.

La realidad es que ayer se ignoró a las identidades no binarias.

La realidad es que se habló de reversiones (de nuevo ese discurso paternalista) y de monitorizar a les menores en lugar de respetar su ritmo.

La realidad es que ayer se habló de incongruencia (¡¡ay!!) y de hormonación y cirugías como itinerario único para las personas trans. Se habló de «género percibido», como si fuera una cuestión esta de las identidades trans de no ser lo que se debe ser. Se habló desde el paternalismo de la medicina y, además, se avaló nombrando a personas a las que también se les presuponen unos ciertos conocimientos sobre el tema.

No todo suma. Imagen III

Estamos acostumbrades a ser ese invitade que nadie quiere tener al lado porque no respeta las normas del juego y te dice abiertamente lo que opina, porque no respeta el statu quo establecido y te saca los colores, porque te hace plantearte que nada es lo que parece y, ni eres una persona tan maravillosa por hacer lo correcto, ni nadie te debe nada. Estamos cansadas de decir que NO TODO SUMA, NI TODO VALE, NI TODO APORTA y que, algunas veces, para desinformar, es mejor no decir nada.