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Euforia ha disfrutado de su primer año de vida de esa forma que nos caracteriza: trabajando, apagando fuegos, abriendo nuevas vías de colaboración, buscando alternativas, presionando, redactando, formando, acompañando…

Como tantas otras cosas, la división del tiempo en horas, años y demás fracciones es un constructo. Nosotres, como disidentes que somos, priorizamos el contenido del tiempo a su contabilización. Por ello no hemos organizado ninguna celebración, tampoco esperábamos que nos regalaran nada. Hubiera sido bonito ver el registro de la Ley Trans en el Congreso o incluso ya su aprobación. Pero lo que parecía posible hace un año, incluso inmediato, hoy se aleja de nuestra imaginación.

Aunque la entidad “Euforia. Familias Trans-Aliadas” sea nueva, quienes la conformamos llevamos horas de lucha y resistencia sobre nuestros hombros, experiencia que nos hace intuir por dónde se están desvaneciendo las voluntades. Antes de eso soñábamos que, con un gobierno progresista cuyo precedente era el que nos recibió en junio de 2019 en Moncloa para celebrar el Orgullo, íbamos a ver nuestras reivindicaciones escuchadas.

Poco a poco, y de ahí la plasticidad del tiempo porque en realidad el Gobierno lo es desde hace solo un año, nos hemos ido despertando.

Comenzó con algunos ataques de TERF vinculadas a los partidos del gobierno, siguió con la filtración del documento transfóbico que firmaba la Vicepresidenta, continuó con la insistencia desde el Ministerio de Igualdad de que aceptáramos una Ley LGTBI y nos olvidáramos de la Ley Trans, seguidamente se nos emplazó a trabajar en una mesa para hablar de terminología como forma de dilatar el tiempo, difuminar la fuerza y el respaldo social del colectivo Trans.

En un desliz, justo un año después de nuestra constitución como organización, se hace público en una Comisión de Igualdad:

“No es solo que no avancemos sino que es evidente que de alguna forma podemos decir incluso que estamos dando pasos hacia atrás, es por ello que nos parece más necesaria que nunca una Ley LGTBI de ámbito estatal que ponga un especial foco en el colectivo más vulnerabilizado que es el de las personas trans“

Con este regalo de primer aniversario nos obsequiaba Mar García Puig, diputada de en Común Podem, destapando inocentemente las intenciones de un Gobierno y un Ministerio que juegan a dividir al colectivo, a intentar recurrir a aquellas técnicas tan antiguas de dar migajas para que quienes se atreven a cogerlas desacrediten a quienes mantienen las exigencias, y viceversa. Para, mientras tanto, ignorar las peticiones del históricamente maltratado colectivo Trans, hablando de reparación mientras se les niega agencia y se les condena al ostracismo, pretendiendo esconder y rebajar el reconocimiento de derechos en un texto legal de otro calado.

La Ministra tuvo la posibilidad de rectificar o matizar a la Diputada Mar García, pero no lo hizo.

Tampoco aprovechó la respuesta a Sara Jiménez, de Ciudadanos, cuando le preguntó sobre la postura del Gobierno frente al argumentario tránsfobo del PSOE, que Ciudadanos rechaza.

Y mientras, se alarga el tiempo de sufrimiento en la infancia trans sin que nadie la proteja, la adolescencia sigue expuesta al cuestionamiento patologicista, los registros siguen imponiendo identidades y las personas adultas trans agotan sus esperanzas. En ocasiones, un año es una vida.