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Después de leer esta pregunta, parece que tiene una respuesta obvia e incluso sencilla. Mi respuesta es, claramente, SÍ. Pero tengo que aclarar que he aprendido a identificar la violencia de una forma hostil, porque de alguna manera me enseñaron que la violencia tiene que ser física o verbal, siendo ésta. por supuesto. muy directa y desagradable, ya de lo contrario siempre está quien puede decirte que eres tú quien entiende mal unas palabras o una forma de hablar, sacadas de contexto.

Soy una mujer activista, madre de una hija trans de 10 años y une chique no binarie de 12, y sí… mi familia tiene la riqueza de la diversidad.

Hace casi cuatro años que mi hija hizo su tránsito. El ámbito educativo, que es del que hoy me anima a escribir, parecía ser un espacio seguro. Empezamos a transitar de la mano de una persona con tan solo seis años, pero lo bastante madura y segura de que el sistema donde pretendíamos que encajara y se desarrollara como persona no era lo que necesitaba, y que, por lo tanto, algo deberíamos empezar a cambiar.

Desde entonces la asignatura de Ciencias Naturales ha sido un suplicio, sobre todo si el libro empieza con el temario del cuerpo humano. Siempre ha sido una niña “respetada y querida”, eso me animó a presuponer que podría dialogar con el equipo docente y directivo del centro sobre cómo impartir este tema en cualquiera de los cursos, de forma que resultara cómoda y entendible al mismo tiempo que inclusiva y respetuosa.

Error, ese fue mi error…. Presuponer. Creer que, porque mi hija no recibiera de una forma directa insultos y golpes, no se estaba ejerciendo violencia hacia ella.

Año tras año he solicitado esa reunión, aprovechando que la docencia cambiaba y el equipo directivo también, poniendo esperanzas en las personas que ocupaban esos puestos de tanta responsabilidad dentro de la Comunidad Educativa. Pero siempre salgo de ese despacho con la misma sensación, esa que te dejan ver que eres molesta, arrogante, que eres tú y tú familia la que debe encajar, que la minoría no puede vencer y que será mejor que te convenzas.

Este curso, después de sufrir una vuelta a las aulas cuanto menos peculiar, se me “pasó” revisar el famoso libro de Ciencias Naturales. Otra vez me volví a equivocar, porque las familias con hijes trans no podemos relajarnos. Porque si lo hacemos, de nuevo, nos agreden. Porque solo si estamos siempre enfrente podemos ver cómo reacciona esa sociedad que parece que al mínimo despiste por nuestra parte te aleccionan sobre cómo deben ser los cuerpos, las identidades. Y que su mensaje es el válido, el que está en un currículo del que no se pueden salir, porque de lo contrario estarían en riesgo de un toque de atención por parte de la administración, o de sus compañeres del centro donde trabajan o de alguna familia a la que pueda explotarles la cabeza si su criatura llega a casa después de que en clase se diga que los cuerpos y la reproducción humana…. no es como suelen contar en los libros, sino como lo ha explicado su profe: esa figura que debería velar por la integridad de todo el alumnado, incluyendo a las personas trans que lo forman.

Muchas son las ocasiones en que debo escuchar, paciente, cómo defienden el método empleado en la forma de hacer las clases, porque es así como lo marca el temario. Pero también, en todas esas ocasiones, me aferro a la Constitución Española donde se hace mención a la integridad moral y física, al derecho al libre desarrollo y a la libertad de ser y de expresarse.

Queridas familias, después de leer estas palabras, ¿podéis asegurar que el colegio o instituto de vuestres hijes es respetuoso?

Siento deciros que, desde el primer minuto en el que nuestras criaturas nos dejaron ver que eran personas trans, también nos dijeron que no nos podemos conformar, que no debemos relajarnos, que nuestra función no es solo acompañar y presentar a los centros educativos la petición de cambio de nombre y/o género, sino que desde ese momento debemos empezar a luchar, a desmontar el sistema que no está hecho para elles, pero en el que por derecho merecen ser respetades.

De lo contrario, de una forma tímida y casi indetectable, seremos cómplices de estar reforzando ese mensaje que siempre nos recuerda que el sistema es binario y que, para poder identificarnos como mujeres u hombres, obviando claramente cualquier otra identidad, solo será posible si nos vemos frente al espejo como dice la figura que está en los libros.

Estoy segura de que si en los libros se explicara que TODAS las personas nacemos con dos piernas para poder desplazarnos y, sin embargo, existe alguna persona dentro del alumnado en silla de ruedas que, obviamente, si tiene piernas no están haciendo esa función…. el profesorado sí empatizaría con esta criatura y cambiaría la forma de impartir su clase, porque de lo contrario estaría haciendo un daño innecesario a esa persona. Entonces, ¿por qué cuesta tanto cambiar la forma de impartir ese temario de Ciencias Naturales?

La respuesta es sencilla, y es que, aunque pensábamos que nuestro equipo docente era estupendo porque respetaba y no agredía verbal ni físicamente a nuestres hijes, los conceptos cisexistas y el mensaje tránsfobo que les enseñaron y enseñan, seguían interiorizados. Ese trabajo personal de hacer reflexiones de nuestro lenguaje, de nuestro pensamiento y adaptarlo a la realidad, muy pocas personas están dispuestas hacerlo. O quizás me equivoco y son muchas las que ya lo hicieron y empezaron a luchar para conseguir los cambios de los que hoy mi hija puede beneficiarse. Es de agradecer ese desgaste que conlleva revisarse. La recompensa es saber que cada vez más hay personas cuyo su paso por este mundo puede ser más amable y sencillo.

Recomendamos el vídeo de donde se ha tomado la imagen de portada: It Takes All Kinds