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La familia de una pequeña de ocho años denuncia que la Federación Catalana de Natación no la permite competir, y reabre el debate sobre el valor de la competición en edades infantiles

Fuente (editada): EL PAÍS | Bernat Coll | 20 FEB 2020

A Ona, nombre ficticio, le encanta nadar. Pero no puede hacerlo porque no tiene una licencia de la Federación Catalana de Natación (FCN). Ona es una niña trans de 8 años y, según el organismo federativo, las licencias se clasifican según el género. La documentación de Ona aún indica que su sexo es masculino. No hay manera de conseguir una licencia femenina. Ahora la niña, resignada, pide a sus progenitores que la saquen del club de natación.

“Para Ona, el agua es como su sangre. Ha nadado siempre, desde que tenía seis meses”, afirma su madre, Yolanda, también nombre ficticio. “Ona está frustrada porque no entiende por qué sus compañeras pueden competir cada sábado, y ella no. Es muy injusto”. Fuentes de la FCN argumentan que mientras el Registro Civil no reconozca el tránsito de Ona, no pueden inscribirla como niña. “Como Federación no tenemos potestad de cambiar el Registro. No hemos negado la licencia a nadie”. El presidente de Deporte y Diversidad, David Guerrero, rechaza la posición federativa: “Les falta empatía. En Madrid, todas las federaciones expiden licencias sin cambiar el género en el DNI. En Castilla-León, donde ni siquiera existe una ley específica, también. Debe valer el sexo sentido”.

El trámite para cambiar el Registro Civil no resulta sencillo. Un juzgado debe validar la solicitud, y puede exigir un examen psiquiátrico, según entidades especializadas. “Es un proceso denigrante y discriminatorio”, aseguran desde entidades de familias con menores trans. “Algunas personas tienen que pasar por medicina forense”, añaden, “y después necesitas contar con la sensibilidad del juzgado para la aprobación de la solicitud. Es muy incómodo para les menores”. La familia de Ona quiere proteger a su hija de esa experiencia, más sencilla a partir de los 18 años. “No es justo que alguien tenga que autorizarla a ser quien es”, reclama Yolanda, la madre. “No creo en este proceso porque parece que tenga una patología, y no es así”. La familia, las entidades y la federación abogan por un cambio legislativo que contemple la realidad de las personas menores trans. “Ahora solo se tienen en cuenta a las personas adultas. Hay que actualizar el protocolo común federativo para estos casos, y me consta que la Generalitat quiere conseguirlo”, analizan desde las entidades. Coincide Guerrero: “Necesitamos una ley que ponga el foco en las personas menores trans y el deporte”.

Meses difíciles

El pasado junio la monitora de natación de Ona le preguntó si le gustaría formar parte de un equipo federado. Le veía talento. “Llegó a casa eufórica”, recuerda Yolanda. “¡Me lo ha dicho en serio!”, reivindicaba la pequeña en casa. La menor entrena cuatro días por semana, pero sigue sin competir desde septiembre. A principios de curso, un lunes, sus compañeras se le acercaron: “¿Por qué no viniste el sábado [a la competición]?”. Ona no supo qué responder. “Todo esto es muy difícil de gestionar para ella”, explica Yolanda. “Solo queremos que la niña disfrute, que nade como el resto, no queremos ganar nada”, añade.

Algunas organizaciones representaron a la familia de Ona para reclamar su licencia. Y la federación rechazó la solicitud por correo electrónico. “Las licencias se clasifican según lo que establece tanto la normativa interna de la federación como la normativa de la federación internacional. Es nuestra obligación atenernos a esta normativa”. Las entidades no lo entienden: “No hemos visto una voluntad real de llegar a un acuerdo”.

La situación de Ona recupera el debate sobre el valor de la competición en edades infantiles. “¿De qué sirven estas competiciones en menores de siete y ocho años?”, se pregunta David Guerrero, el presidente de Deporte y Diversidad.  “El trabajo de las federaciones es asegurar la práctica deportiva, sobre todo en la base. Ona no puede nadar porque la federación no le tramita la licencia”, insiste. La institución catalana, que gestiona unas 16.000 licencias, argumentó su posición en el mismo correo. “El motivo de la distinción entre hombres y mujeres es un criterio deportivo para salvaguardar la integridad de las competiciones. Permitir que vuestra deportista compita en categoría femenina podría implicar eventuales reclamaciones por parte del resto de participantes en la competición”.

El conflicto está desgastando a Ona. “Es una niña muy activa. Pero está perdiendo la ilusión por la natación. No lo entiende, como es normal, y está muy cansada. Cada paso es una barrera, y está en una edad frágil. No deberían hacerse este tipo de distinciones”, deplora Yolanda. Esta semana Ona sigue nadando, pero el próximo fin de semana de competición no podrá lanzarse a la piscina con su club.