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Fuente: EUFORIA | Natalia Aventín Ballarín | 27 SEP 2021

En este último año y medio de incertidumbre que hemos vivido, las familias de Euforia nos hemos visto privadas también de esos encuentros presenciales tan reconfortantes que nos cargan de energía. La ausencia de estos espacios y la necesidad de los mismos es un tema que aparece en cualquiera de las reuniones que hemos tenido a través de las plataformas digitales o en los chats cotidianos.

Por eso, de forma un poco precipitada, quisimos aprovechar que se había reducido la alerta sanitaria para que en este Octubre Trans, coincidiendo con el Día Internacional por la Despatologización, nuestra entidad retomara la buena y tan necesaria costumbre de vernos, charlar, abrazarnos y contarnos. Una versión reducida a un sábado, pero suficiente para recuperar las sensaciones de las que nos priva la virtualidad impuesta.

El sol brillaba en Madrid y eso ha ayudado a que fuera un día excepcional. Otra vez hemos podido ver a las familias nuevas que se acercaban con prudencia y un cosquilleo en el estómago mientras, algunas de las veteranas que se reconocían bajo las mascarillas, se saludaban con alegría. Adolescentes que hacían grupo nada más entrar, confidencias entre risas o preocupación. El lenguaje inclusivo que cuesta asimilar y que a veces nos sorprende con los que ya hemos bautizado como “inclusivos aleatorios” que nos hacen sonreír, aunque sin olvidarnos de rectificar para seguir creciendo. 

Por la mañana disfrutamos de las presentaciones al aire libre, durante la que se aprovechó para aclarar algunas dudas y destapar prejuicios que hay que trabajarse. Después vino la comida, aportada con cariño por cada familia, al aire libre, entre conversaciones y corrillos, con ambiente de fiesta y la alegría del reencuentro.

Por la tarde tres grupos. Peques con actividades dirigidas por la Asociación Vértice que son garantía de éxito y sonrisas. Adolescentes en su espacio para compartir y crear vínculos. Madres y padres en una dinámica que facilita compartir inquietudes y repensar estrategias. 

Y todo ello en el Ateneo de Villaverde, un espacio histórico de lucha colectiva por la libertad y la dignidad, en el que la CNT Comarcal Sur de Madrid nos ha recibido con los brazos abiertos y puesto a disposición sus instalaciones.

Hoy, recuperadas de los kilómetros y la excitación de la organización ya estamos pensando en qué ciudad hacer la siguiente, porque la distancia no puede ser un obstáculo para que todas las familias tengan la oportunidad de darse esos abrazos que tanto nos aportan. 

Y es que necesitamos acuerparnos y cuidarnos, hacer colectivo para juntes cambiar el mundo.