Etiquetas:

Autora:  Estela F.L.

Hola,

Me llamo Estela y también soy madre, como tú. Tengo una hija trans. Yo también he estado donde tú estás ahora y he sentido mucho miedo. Yo también he querido que no estuviera pasando. Yo también he intentado cambiar de conversación y rellenar mi tiempo para tener una excusa “ahora no puedo hablar contigo, estoy muy liada, ya lo hablaremos…” y todo por desconocimiento, porque pensaba que ya se le pasaría, que era muy pequeña, que estaba en la adolescencia, que quizás eran las amistades, o una moda, que quizás quería emular a un personaje de alguna serie… sufrí mucho durante ese tiempo (y lo peor es que pensaba que era la única que tenía derecho a pasarlo mal). Tampoco fue mejor cuando me senté a hablar con ella o, mejor dicho, a que ella me escuchara a mí. Intenté convencerla de que no era trans, de que estaba equivocada, negué su identidad hasta la saciedad con argumentos que ahora sé que eran completamente absurdos, hice comentarios sobre su corporalidad que ahora comprendo la dañaron profundamente…

Lo cierto es que, en el fondo, sentía que estaba fracasando como madre, que “aquello” pasaba por mi culpa, que había fallado, que no había sabido transmitir unos buenos valores… y mil cosas más mientras el entorno no me lo ponía tampoco fácil, todo el mundo tenía una opinión, cada una diferente a la anterior, y yo solamente quería que aquello no estuviera pasando, no a mí. Ahora, pasado el tiempo, sé que yo no he querido ni quiero dañar a mi hija, simplemente pensé, equivocadamente, que, podía evitar que mi hija fuera trans, como quien evita una tragedia porque mi concepto de las identidades trans era completamente erróneo, alejado de la realidad, clasista y lleno de estereotipos y connotaciones negativas. Todo lo que sabía sobre el tema se reducía a la televisión, a titulares sensacionalistas, morbosos, que asociaban ser trans con la marginalidad, la prostitución obligatoria… ¡Qué equivocada estaba!

Todo cambió cuando acepté escuchar a otras personas que hubieran pasado por lo mismo, y llamé a Euforia Familias Trans-Aliadas. Me proporcionaron documentación sobre diversidad y una guía para que pudiera entender de qué iba todo aquello. Lo vi y lo leí todo. Hablé con otras madres de Euforia y me sorprendió la diversidad de familias que había: familias religiosas, laicas… con profesiones que abarcan todos los ámbitos de la sociedad con hijos, hijas e hijes de diferentes edades, estudiando en centros públicos y concertados y privados… Y de repente pensé… ¿entonces este es el futuro de mi hija?, ¿va a poder seguir estudiando, disfrutando… creciendo feliz? Y esa película de terror que tenía en mi cabeza y que tan alejada estaba de la realidad desapareció, no volví a llorar.

Cuando volví a hablar con mi hija, pero esta vez ESCUCHÁNDOLA, las cosas empezaron a ir mejor. “Mamá, los genitales NO marcan la identidad sexual, ni tampoco la orientación sexual de una persona. Nuestra identidad nada tiene que ver con la corporalidad y tampoco con nuestros gustos o aficiones”. Ahora sé que cuando acuden a nosotras en muchos casos llevan ya tiempo con un proceso interior que, en ocasiones, incluye una lucha interna en la que intentan dejar de ser quienes son pero es que la identidad no se puede cambiar… Son víctimas de un sistema que funciona de forma errónea, que establece cuál va a ser tu identidad en base a una sola parte de su cuerpo que son los genitales, como si estos tuvieran la capacidad de hablar o pensar… El tiempo que tarden en expresarlo y el cómo dependerá de la persona, de las herramientas que tenga, de la información que tenga… Lo que está claro es que ese error que han sufrido hay que solucionarlo. Y para hacerlo nos necesitan más que nunca.

Las personas trans necesitan que se respete su identidad, su verdadero yo. Y a partir de ahí todo es diversidad. Al igual que las personas que no son trans, algunas están a gusto con su cuerpo y otras desean o necesitan realizar cambios que requieren tratamientos médicos. Sé que esto último asusta mucho, pero porque no entendemos que esos cambios también los solicitan personas que no son trans, de hecho, la hormonación no se creó para las personas trans. Personas no trans (personas cis) se hormonan por abundancia de vello, de acné, por una pubertad precoz, para evitar embarazos, para competir de acuerdo a la normativa por tener alguna hormona elevada… en el caso de las personas trans ese mismo tratamiento les permitirá no tener cambios corporales que no desean o si ya los tienen, poder cambiarlos.

Sea cual sea el cambio que demanden buscarán la forma de hacerlo. Pero cuanto más tiempo pase más tristeza y depresión habrá acumulado su alma. Y para hacerlo acudirá a saber qué sitios y a saber con quién… porque lo hará sin nuestro apoyo. No cometas el error que cometí yo durante tanto tiempo… entiende que tu hijo, hija o hije no quiere ser… ES, y para poder ser feliz necesita vivir en sintonía con su esencia y sobre todo, sobre todo… te necesita a ti. Deja que te explique sin juzgar, abraza y di que estarás a su lado y que al igual que cuando era bebé no permitirás que nadie le haga daño. Su sonrisa te hará a ti sonreír.

Vivir de acuerdo a quién es acabó con la ansiedad y tristeza de mi hija y permitió que lo mejor de su interior floreciera… y junto a su tristeza y ansiedad también se fue la mía. Compartí la información que me proporcionó Euforia con mi familia, el instituto y mi entorno cercano. Mi hija vive como cualquier otra chica de su edad. ES FELIZ. Todes la quieren, apoyan y protegen. Para mi grata sorpresa, incluso las personas más conservadoras de mi familia. Ojalá no hubiera tardado tanto tiempo en buscar información…

Para lo que necesites, aquí tienes una mano amiga.

Un abrazo