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Decir que el sexo es una construcción sociocultural no es decir que no exista una opresión material en función de dicha construcción.

Fuente (editada): RadFem Transinclusivo | Mika Domínguez | 19 DE JUNIO DE 2020

No sé si os dais cuenta de que decir que el sexo (o cualquier otra realidad) es una construcción sociocultural, no es decir que no exista una opresión material en función de dicha construcción.

La raza es otra construcción sociocultural. No es un hecho inmutable, sino que es un hecho sociocultural sobre el cual se discrimina y oprime a toda aquella persona que no sea blanca. Es una construcción en tanto que los datos científicos que tenemos hasta ahora no encuentran diferencias genéticas significativas entre personas de distintos colores de piel. De hecho, a veces se encuentran más diferencias genéticas entre dos personas asiáticas que entre una persona asiática y una persona blanca (por ejemplo). Esto no significa que no haya genes específicos para determinados rasgos, sino que a veces existen genes característicos de “otras razas” que no se expresan, o que hay mucha más variabilidad y mezcolanza a nivel genético de lo que nos pensamos. La Ciencia lo tiene claro: solo hay una raza, la humana.

PERO decir esto y quedarse aquí, sería blanquear (nunca mejor dicho) una realidad material que sufren todas las personas que son racializadas (a las que se les racializa, por una cuestión sociocultural, para después segregarlas y oprimirlas, gracias a un ideario supremacista blanco). Aunque esto sea así a nivel genético, lo cierto es que la construcción sociocultural es tan potente y está tan inculcada en todas las esferas de nuestros estratos y jerarquías, que es causa de la opresión. Y decir que es una construcción no es decir que no podemos hablar de personas negras, de personas mestizas, asiáticas, no blancas. Ni significa que tengamos que usar el “All lives matter”. Ni significa que estemos borrando a los colectivos racializados ni sus experiencias. No se niega la violencia policial, ni la violencia simbólica, ni estructural, ni los microrracismos. La construcción es tan potente que al final sí acaban existiendo diferentes razas (negra, asiática, blanca…). La construcción genera la realidad en tanto que necesita de dicha realidad para marcar diferencias y oprimir. ¿Tiene sentido a nivel genético? Muy poco. Pero eso no lo hace menos real.

Las construcciones socioculturales difieren unas de otras. Hay construcciones que son dependientes o subordinadas a otras construcciones (la construcción de las clases socioeconómicas dependen de una construcción previa sobre el capital y la propiedad privada). Hay construcciones que se hacen sobre un hecho muy concreto y otras que se hacen sobre hechos más abstractos y amplios. Que se diga que algo es una construcción sociocultural, tampoco significa que puedas cambiar la construcción a título individual y de manera libre y voluntaria (pero hay construcciones que sí permiten flexibilidad de determinación).

Por ejemplo, la construcción racial es diferente a la construcción de género. Hay una historia diferente, unos símbolos diferentes, una asignación diferente, etc. Y aquí voy a donde quería llegar (no hablaría de la construcción racial si no fuera porque estoy respondiendo varios comentarios tránsfobos que he leído sobre el tema). Y es que, por ejemplo, la asignación de género (y, por tanto, sus restricciones conductuales) se ejerce sobre todas las personas que nacen y en todas las personas sobre las que se ejerce esa asignación, se genera un ideario a menudo opresivo y asfixiante (sean del sexo que sean). En este sentido, esa construcción impuesta, que lleva haciéndose durante siglos en casi todas las culturas, afecta de manera distinta a los distintos géneros pero siempre de una manera bidireccional: asignamos a la mujer por este genital y al hombre por este otro genital (ya no se asigna a la mujer, en el momento de nacer, como lo “otro”, como el hombre incompleto, tal y como se teorizaba en la antigüedad, sino que se asigna en función de una característica concreta y propia). La asignación racial se hace desde la “otredad”: lo que no es propio de mi comunidad, es otra cosa, y en función del rasgo, se pone una categoría racial u otra. Si no existen rasgos distintivos, en muchas ocasiones no se hace esa asignación al nacer. Durante siglos las personas blancas no eran “blancas”, eran normales, porque no existía esa asignación (durante todos estos siglos sí se hacía la asignación de género). En las propias comunidades racializadas, si nacías con los mismos rasgos que tus progenitores, se asume como natural, y no se hacía asignación racial tampoco (ahora se hace por motivos de enraizar en la historia de opresión: eres negre porque tu legado es negro, y porque todo tu legado ha sufrido opresión por ser negre). Esto lo comenta Audre Lorde, mujer negra, en “La hermana, la extranjera”. Ella no se había percatado de ser negra hasta que no la llamaron negra, hasta que no fue otrerizada como la no blanca. Hasta entonces, simplemente era mujer (algo que se le dijo desde que nació). No usa esto para decir que no hay opresión hasta que no la leyeron como negra, hasta que no la racializaron, porque ya partía de unas condiciones materiales y sociales pobres por la opresión blanca (el Harlem, donde vivía, era un barrio pobre precisamente por ser un barrio de racializades e inmigrantes).

Estas diferencias de asignación no radica en una opresión de primera o de segunda, ni hace que una sea mejor o peor. Lo que hace es que a nivel histórico, las razones por las que se crearon las categorías o las razones por las que se asigna, difieran. Si la asignación racial depende de la comunidad en la que nazcas y de si los rasgos difieren de la comunidad o no (hablo del momento de nacer, porque la asignación social posterior es mucho más complicada), la asignación del género se hace siempre y en cualquier contexto, y existirán referentes masculinos y femeninos (en sociedades binarias) constantes que afectan a nuestra manera de percibirnos y entendernos. El género se vive de manera diferente a la racialización, o se vive de manera interseccionada (la experiencia de la mujer negra no es la experiencia de la mujer blanca).

Estas diferencias en la construcción hace que una mujer blanca no pueda “identificarse” como mujer negra, porque no existen referentes, una historia compartida, una simbología compartida. Con el género, existe una referencia constante de ambas simbologías, las masculinas y las femeninas, y se asume que son complementarias y que todo el mundo posee un “algo” en un momento determinado que te hace más “femenine” o “masculine”. Todes compartimos la socialización masculina y femenina porque todes tenemos referentes de ambos géneros durante nuestro desarrollo. Y la historia, o la ficción, también es compartida en nuestra sociedad (desde la heterosexualidad, la cisnormatividad, el binarismo…). ¿Hay paralelismos? Sí. Pero se construyen y vienen de orígenes diferentes. Por eso, y por otras razones, la transracialidad es una cosa (que no tiene sentido) y la transexualidad es otra cosa que sí tiene sentido.

Que ambas sean construcciones no significa que operen igual. Tampoco significa que la opresión deje de existir o sea menos real. La gente tiende a asociar “real” con “biológico” y por eso creen que cuando decimos que el sexo también se construye, se piensan que decimos que su vivencia como mujer “biológica” no es real. Pero no es así. Una idea es real mientras la pienses, aunque no sea biológica, y en muchas ocasiones tiene repercusiones en el mundo tangible.