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La visibilidad de las personas trans está íntimamente relacionada con el reconocimiento jurídico de su identidad. La ausencia de este reconocimiento, sitúa al colectivo en una situación de inseguridad jurídica que fomenta la discriminación y la violencia sobre las personas que lo forman.

En este año 2021, el Día Internacional de la Visibilidad Trans cae como un ladrillo que rebota contra un creciente discurso de odio, en el que se oculta a las personas trans como sujetos de derecho, invisibilizando su existencia y convirtiéndolas en objeto de debate teórico.

Tras unos años de un aumento progresivo de la visibilidad, de reconocimiento social y legal, donde incluso en el cine y las series empezamos a ver un relato más amplio y respetuoso de las realidades trans, nos sorprende el discurso reaccionario que se ha incorporado en los sectores transexcluyentes de un pretendido feminismo y que ha permeado en representantes de la ciudadanía, cuyo mandato político se olvida para anteponer sus prejuicios discriminatorios.

El autobús de la transfobia saca a pasear su odio, exhibiendo el orgullo de que su discurso haya sido adoptado por unas siglas que históricamente lo han combatido.

El autobús de la transfobia saca a pasear su odio, exhibiendo el orgullo de que su discurso haya sido adoptado por unas siglas que históricamente lo han combatido.

La Ley Trans prometida en campañas electorales se ha visto encerrada en el armario nuevamente, para conseguir sacarla y que se registrara en el Congreso su propuesta para el debate, setenta personas del territorio español nos hemos visto obligadas a llevar a cabo una huelga de hambre acompañada de nuestra continua presencia en la calle. Y en un nuevo acto de violencia invisibilizadora, a pesar de la presencia de televisiones estatales públicas y privadas en los momentos de inicio de la huelga de hambre y del conseguido registro, el apagón informativo sobre lo que estaba sucediendo en los medios estatales, contrasta con la cobertura en medios autonómicos e internacionales. Que un país comprometido con la democracia y la protección de los derechos humanos, silencie mediáticamente una huelga de hambre de 70 personas que reclaman el cumplimiento de los compromisos internacionales en Derechos Humanos, dice mucho de la salud de democrática del mismo.

No queremos olvidar tampoco los cientos de debates, jornadas y eventos donde personas completamente ignorantes de las realidades trans, además de hacer gala de prejuicios y transfobia, no han denunciado la evidente ausencia de activistas trans. Esta invisibilización también es violencia.

En el colectivo LGTBIQA+ hay niveles de privilegio y opresión que reproducen la realidad social. Dos hombres homosexuales ostentan sendas sillas de ministros mientras, como contraste, la mayor parte de las personas trans son excluidas del mercado laboral y es anecdótica su presencia en puestos políticos. Esa imagen de invisibilidad se reproduce dentro de los propios colectivos hegemónicos que instan a la “T” a esperar, a no ser impaciente, a negociar con sus derechos, reproduciendo una vez más la violencia social.

Las familias de Euforia, somos conscientes de que nuestra situación de privilegio es una herramienta al servicio de la lucha colectiva del movimiento trans organizado, que nuestra misión es impedir que se cierren las puertas y los armarios que están abiertos, y colaborar para que se sigan abriendo las que no lo han hecho aún.

Autodeterminación, despatologización, seguridad y dignidad van de la mano de la visibilidad y del reconocimiento jurídico y social, por ello una vez más reclamamos esa Ley Trans que acabe con la inseguridad jurídica en que vive el colectivo trans, incluyendo a las personas menores, migrantes y no binarias.