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  • Hay demasiadas personas preocupadas por la genitalidad de las personas trans
  • La publicación de Feminista Ilustrada ha sido muy criticada por reducir todo el tema trans al pene

Fuente (editada): YASSS | Enrique F. Aparicio | 24/06/2020

Los derechos de las personas trans viven un momento crítico. Mientras en Hungría se decreta la prohibición de su existencia y en Estados Unidos el Tribunal Supremo frena que una empresa pueda despedirte por ser trans, en España el PSOE ha promovido un ideario sesgado y acientífico que incide en la discriminación sobre una comunidad ya suficientemente machacada a lo largo de la historia y que vulnera gravemente la dignidad de cualquier persona que no sea cis.

 

 

El sexo va por un lado y la genitalidad por otro

En redes sociales, como siempre que la conversación gira en torno a las personas trans, el foco de atención acaba fijándose sus genitales. Acaba de pasar con la última publicación de Feminista Ilustrada, una cuenta referente en Instagram a la que siguen más de 680.000 personas, en la que la ilustradora expresa su punto de vista personal como feminista lesbiana. Según ella, “estos tipos [mujeres trans con pene] persiguen a las lesbianas y las acusan de tránsfobas cuando estas les rechazan”.

 

 

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Llevo meses siendo acosada por defender mi orientación sexual y forma de vida. Por un lado el facha machirulo de toda la vida, por el otro un nuevo machirulo: los fundamentalistas queer que se hacen llamar mujeres/transfemeninos (nada tienen que ver con las personas transexuales). Estos tipos persiguen a las lesbianas y las acusan de tránsfobas cuando estas les rechazan. No engañáis a nadie, sois el patriarcado de siempre. *Añado que este tipo de personajes banalizan todo el sufrimiento y la discriminación que sufren las personas transexuales, y solo buscan liderar el movimiento feminista. Son una amenaza para las mujeres, las personas homosexuales y las personas trans.

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No es la única. Hay muchas personas preocupadísimas por la genitalidad de las personas trans y no binarias, y alrededor de ella se argumentan numerosos ataques a sus derechos. Hay cierto peso histórico en esta desviación de la atención, porque el sexo de las personas se sigue determinando en relación a sus genitales. A pesar de que numerosos estudios científicos desmontan la correlación pene = hombre y vagina = mujer, la mera existencia de las personas intersex (que nacen con una anatomía sexual o reproductiva que no encaja en las típicas definiciones de “hombre” o “mujer”), demuestra que el sexo va por un lado y la genitalidad por otro, y que no solo hay dos opciones para cada categoría.

Que una persona trans no te atraiga no es tránsfobo, reducirla a sus genitales sí lo es

Durante décadas, les bebés intersex han sido (y son) mutilades para acomodar sus órganos genitales en alguna de las etiquetas establecidas. Y cuando crecían, eran sometides a tratamientos médicos y hormonales para evitar que siguieran encarnando la evidencia de que en el sistema sexo/género no encajan todos los cuerpos. Hoy en día esas prácticas bárbaras están siendo abolidas en algunos países, pero eso no quiere decir que la medicalización de las identidades trans y no binarias no funcione a pleno rendimiento.

El proceso de ser una persona trans en España y la “sorpresita”

Si eres una persona trans en España, debes dedicar muchos años de tu vida a convencer a los estamentos médico y judicial de que lo eres. La legislación prescribe un periodo de prueba para las personas trans, como si se prepararan para un examen final. Deben primero acreditar que sienten una “enfermedad” llamada disforia –es decir, están obligadas a odiar su cuerpo, sea como sea–, y luego deben constatar durante dos años que están viviendo respecto a su “sexo sentido”. Pero el sexo no es un sentimiento, es una identidad. Une se siente eufórique, triste, cansade… y como todos los sentimientos, empiezan y acaban. Pero une no empieza y acaba de ser hombre, mujer o no binarie.

Las personas trans y no binarias están cansadas de explicar que sus genitales no son una cuestión pública. Ser una mujer con pene no te hace menos mujer; ser un hombre con vagina no te hace menos hombre. Ser una mujer trans intervenida con una vaginoplastia no te hace más mujer o mejor trans que quien no pasa por el quirófano. Los genitales, simplemente, no definen quién eres. Un hombre cis sometido a una extirpación de sus genitales a causa de una enfermedad no deja de ser hombre: su identidad sexual no se separa de su cuerpo junto con sus órganos reproductivos.

Que una persona trans no te atraiga no es tránsfobo, reducirla a sus genitales sí lo es

Dentro de la obsesión por los genitales de las personas trans y no binarias, uno de los recursos más habituales es lo que en la cultura popular y en incontables chistes y productos culturales se ha venido en llamar “la sorpresita”. Con ese término, que suena liviano pero es profundamente ofrensivo, se suele hacer referencia sobre todo al pene de algunas mujeres trans. Un ejemplo claro es el final de la película ‘Ace Ventura’, de 1994, en el que se visibilizan los genitales de una mujer trans como si fueran un chiste, para a continuación retratar el profundo asco que siente todo el elenco que ha tratado íntimamente con esa mujer.

 

 

En redes sociales, cada vez son más frecuentes los debates en torno a si una persona trans debería comunicar a una posible pareja amorosa su condición genital, y si el rechazo que puede sufrir por ello es o no transfobia. Estas personas suelen considerar esa palabra, transfobia, demasiado gruesa para denominar, en sus palabras, algo tan “natural” como que siendo un hombre cishetero no te atraiga el pene de una mujer trans. El problema no viene de que una mujer trans no te atraiga porque tiene pene, la actitud tránsfoba reside en que te plantees esa cuestión solo con las personas trans.

Que una persona trans no te atraiga no es tránsfobo, reducirla a sus genitales sí lo es

Por retomar el mismo ejemplo de antes, según este argumento, si un hombre pierde el pene por alguna enfermedad tienes derecho a rechazarlo porque su genitalidad no es la que esperas. Pero cualquiera con un poquito de empatía sabe que las cosas no funcionan así. Si te atrae un chico o te enamoras de él y te revela que no tiene pene a causa de una extirpación, el foco seguiría estando en su dimensión como persona y no en sus genitales. Si la atracción es verdadera, ya encontraréis maneras de disfrutar de algo tan universal y diverso como la sexualidad, que no consiste solo en las limitadas opciones de unos genitales contra otros.

La transfobia se materializa cuando ese rechazo que te planteas solo contempla a las personas trans y no binarias. Si te atrae una persona trans, hay muchísimas cosas que se pueden hacer para que les dos estéis cómodes y disfrutéis le une del otre. Porque, además, si el interés es mutuo es más que probable que esa persona trans te hable de sus genitales para evitarse un momento que también puede ser muy incómodo para ella. Las “sorpresitas” solo ocurren en chistes rancios y películas viejas. Si lo único que te interesa de una persona son sus genitales, el problema no lo tiene ella, lo tienes tú.