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Fuente (editada): Medium | Rosa María García | Jun 13, 2020

Lo primero de lo que soy plenamente consciente es de que este titular va a ser usado para atacarme y ridiculizar el razonamiento que hay detrás, que a mí me parece totalmente claro y evidente. Creo que esto va a señalar más a las personas que ridiculicen el título que al propio artículo o a mí, que para algo he dedicado un rato de mi vida, bastante ocupada, para escribirlo.

La pregunta

Bien, comencemos: “¿qué es una mujer?”.

Lo que a mí me interesa de esta cuestión no es la pregunta en sí — en la que ya entraré — , sino el contexto: ¿por qué esa pregunta? ¿A quién va dirigida y con qué objetivo? En el fondo, ¿a qué coño viene y qué dice de manera implícita?

Cuando se pide una definición de mujer, hay un contexto detrás: una (casi siempre, curiosamente) mujer cis, preguntándole a una mujer (casi siempre) trans por una definición del término “mujer”. En primer lugar, aquí hay una diferencia de poder, y la pregunta es una expresión de ella, un modo de ejercer el poder que supone ser cis sobre la ausencia de poder que implica ser trans, sea de forma directa (la persona a la que se pregunta es trans) o de forma indirecta (la persona a la que se pregunta es transinclusiva, pero cis). No se está expresando un interés por el conocimiento, por lo que otra persona tenga que decir, sino que se presenta como un desafío: “de acuerdo, entonces ¿por qué iba yo a aceptar que tú (mujer trans) eres una mujer?”. No se pregunta “qué significa ser mujer”, sino que se exige una justificación para la aceptación de las mujeres trans como mujeres.

En resumen, desde el primer momento se asume que las mujeres trans no somos mujeres, y que debemos una explicación (además, por supuesto, se asume que los hombres trans sí son mujeres por su sexo-género asignado, y se ignora por completo a cualquier persona no binaria). En contrapartida, se asume que la categoría de “mujer” es exclusiva de mujeres cis, de forma que se piensa en una categoría homogénea de mujer. Tenemos, para empezar, transmisoginia (dirigida a las personas transfemeninas), transfobia (dirigida a las personas transmasculinas y a las personas no binarias en general) y cisexismo (ya que se presupone que lo cis es lo legítimo, lo correcto, lo natural), a la que se le añade la asunción de que todas las mujeres cis comparten la misma existencia abstracta. Por tanto, se olvida a todas las mujeres discas, racializadas, migrantes, psiquiatrizadas, lesbianas y bis, violentándolas por el camino sólo para atacar a las mujeres trans. ¡Vaya combinación más feminista!

Profundicemos un poco más en la lógica de la cuestión: ¿qué esquema de respuesta está implícito en la pregunta? Para empezar, se exige una “definición” que además sea sencilla, comprensible y quepa en los 280 caracteres que permite Twitter. Curioso. “Mujer” es un término que usamos a diario de la forma más ligera, pero una definición exige, al menos, un campo acotado en el que la definición tenga un sentido y una funcionalidad a la que se adscriba. Además, está la cuestión implícita de si tal definición debe o no ser exhaustiva. En realidad, está claro que hay mucho implícito, pero lo que más me llama la atención es la exigencia de simplicidad. “¡Rápido, dame una definición en un tuit!”. ¿Para que te limpies el culo con mi tiempo?

¿Para qué sirve una definición simplista si no es para legitimar las ideas y los debates simplistas? ¿Por qué esa insistencia en simplificar unas realidades complejas por su propia naturaleza? Además, ¿por qué “mujer”? ¿Por qué nunca se pregunta sobre la definición de “hombre”? ¿Por qué no “sistema sexo/ género”? ¿Por qué no “género”, “patriarcado”, “modo de reproducción”, “norma social del género”? Si la pregunta viene siempre y sin excepción de alguien feminista, es muy probable que sepa que todos estos conceptos están conectados y muy relacionados con todas las formas de violencia que vivimos las mujeres. En cambio, se exige siempre una definición exhaustiva y cerrada. En realidad, la única respuesta válida a “¿qué es ser mujer?”, en este contexto, es: “una esencia, un útero, una matriz”.

El “sujeto político” del feminismo

Se puede plantear de otra forma, claro, se puede pensar que la pregunta no es sobre la “mujer” como entidad abstracta (porque sí, el uso del colectivo singular expresa una abstracción que se presta a problemas de toda clase), sino sobre el “sujeto político del feminismo”. Pero entonces se está asumiendo la clase de entidad que es ese “sujeto político”, cómo funciona y qué realidades excluye; de hecho, hacer la conexión entre la pregunta sobre el ser de las mujeres y la cuestión del “sujeto político del feminismo” implica que se parte de una concepción muy específica de qué y cómo debe ser el feminismo como movimiento político.

Lo pongo en concreto: ¿por qué se debe excluir a los hombres del feminismo, o en qué sentido? ¿Son las mujeres propietarias parte del movimiento, debemos aceptar sus demandas? ¿Qué clase de violencias sobre las mujeres se aceptan como violencias y cuáles son silenciadas (p.e., la violencia intragénero, la violencia etno-obstétrica, la violencia médica sobre las vidas trans e intersexuales, la violencia racista y transmisógina que sufren las mujeres trans racializadas, la violencia médica y sexual contra todas las mujeres psiquiatrizadas y discapacitadas, sobre personas asexuales…)?

Vamos a tomarnos en serio esta cuestión sobre el sujeto del feminismo. Un presupuesto clave: el feminismo sólo tiene sentido como realidad histórica, y su supuesto “sujeto” no cobra realidad más que dentro de esa dinámica. Por lo tanto, el sujeto político del feminismo no es apriorístico sino que se construye en la acción feminista, social e históricamente situada. Pero, ¿a qué hace referencia este sujeto? ¿Quién es; qué viene a querer decir; cuál es la pregunta que está detrás y a la que responde el hecho de ser un/el «sujeto del feminismo»? Nadie ha aclarado nada de esto aún. Como resultado, se habla muy alegremente del “sujeto del feminismo”, como si estuviera totalmente claro qué significa ese sujeto y en qué posición le coloca serlo.

En realidad, ¿alguien ha pensado siquiera en esta pregunta tan básica y fundamental de “qué significa ser sujeto del feminismo”? Tal y como yo lo veo, el concepto de “el sujeto del feminismo” tiende a usarse más como una pregunta trampa o como una forma de cerrar filas en general que como un constructo social o teórico relevante. Quizá sería interesante reflexionar en un sentido parecido al de Teresa de Lauretis:

“Por la frase ‘el sujeto del feminismo’ entiendo una concepción… del sujeto (femenino) no sólo distinto de la Mujer con mayúsculas, la representación de una esencia inherente a todas las mujeres…, sino también distinta de las mujeres, de las reales, seres históricos y sujetos sociales que son definidos por la tecnología del género y engendradas realmente por las relaciones sociales. El sujeto del feminismo en que pienso es uno no tan definido, uno cuya definición o concepción están progresando, en éste y otros textos críticos feministas; y, para insistir…, el sujeto del feminismo… es un constructo teórico (una manera de conceptualizar, de comprender, de explicar ciertos procesos, no las mujeres).” (En “Tecnologías del género”, orig. 1989, se puede leer en Diferencias. Etapas de un camino a través del feminismo; aquí hice un hilo resumiendo las tesis fundamentales del texto).

En todo caso, si el “sujeto del feminismo” se vuelve una herramienta práctica es precisamente para plantear lo contrario de este texto. Apelar al “sujeto político del feminismo” en estos términos no puede ser sino una forma de performar la práctica feminista como una acción definida por su exclusión, por tanto endogámica, irreflexiva y necesariamente funcional a los intereses situados de las capas más favorecidas en el feminismo. Entonces, esta clase de acción organizada en torno a este argumento del “sujeto feminista” termina por coartar las alianzas con otros movimientos de base y alimentar formas contra-revolucionarias de feminismo, promoviendo el silenciamiento, hostigamiento y persecución de las mujeres más excluidas y por tanto perpetuando las violencias del propio sistema social. Resumiéndolo en una frase: el argumento de la “trampa de la diversidad” era una trampa de la hegemonía social.

Por terminar de una vez

Todas las formas de exigir una definición de “mujer” ocultan modos de violencia muy claros, amparados en la sensación de propiedad sobre el hecho de ser mujer. Se plantee como se plantee, esta “pregunta” termina siendo un problema, y sólo en el mejor de los casos queda en simple transmisoginia. Hay que pensar en ello con una perspectiva más amplia, situándonos dentro de las fricciones del movimiento feminista y las luchas por organizar su hegemonía de una manera muy concreta.

Una conclusión más sencillita: o con todas, o sin ninguna.

¡Mujeres obreras del mundo: uníos!