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El mayor problema de la izquierda contemporánea en España es utilizar debates teóricos como excusa para dirimir disputas de poder.

Fuente (editada): elDiario.es | Antonio Maestre | 4 de julio de 2020

Anda la izquierda pospacto de investidura en uno de esos debates incomprensibles para la ciudadanía común y que sobre todo se da en las redes sociales, en artículos como este y en alguna conferencia, y que se resume en acotar el sujeto político del feminismo y, claro, al mundo marxista no hay nada que le ponga más que definir los sujetos políticos del marxismo. No perturbaré a quien se sienta perdide con cuál es la disputa teórica porque, aunque siempre existen esas discusiones, no pasa nada, la izquierda se construye debatiendo, pensando y reflexionando. No se trata de eso. Se trata de hombres, y ahora mujeres, con miedo a perder su posición de poder. Aunque a veces sea simplemente una posición de influencia. Y eso sí es un problema, porque si la izquierda se construye pensando, se destruye con luchas de poder egoístas que buscan machacar a la parte adversaria, a veces inventada. En la que está enfrascada la izquierda en la actualidad con la excusa del feminismo y la teoría queer es una de ellas que, además, es parasitada por los machos alfas del marxismo tuitero haciéndose pasar por aliados para hablar de su hidra de Lerna que es el posmodernismo.

Sé de marxismo lo justo para que sea mi guía, sé de feminismo lo justo para identificar a quienes dicen saber y han leído a tres influencers en una habitación propia. Pero de lo que sé mucho, porque he realizado mi labor profesional analizando e identificando ese proceso, es de luchas de poder maquilladas de discusiones teóricas y estratégicas. Hay todavía quien cree que el problema entre Íñigo Errejón y Pablo Iglesias era de estrategia en los pactos o de transversalidad o radicalidad y no única y exclusivamente de dirimir quién mandaba. Suerte en vuestra vida.

El mayor problema de la izquierda contemporánea en España es utilizar debates teóricos como excusa para dirimir disputas de poder. No existía una disputa en España entre el feminismo radical y les exponentes de lo queer derivada de un proyecto de ley de Podemos de 2017 que incluye el tercer género. No es verdad. Existe una rama del feminismo que tenía la exclusividad académica y política vinculada al PSOE y que, durante las negociaciones fallidas, vio ese poder en entredicho. Desde entonces azuza un debate, que estaba en los círculos de discusión feminista de forma minoritaria, para iniciar una guerra descarnada por recuperar esa hegemonía que las feministas de Podemos están poniendo en cuestión. Para que nos entendamos, Carmen Calvo llevó mal perder Igualdad y mandó a sus huestes a recuperarla. Amelia Valcárcel, Laura Freixas, Alicia Miyares y demás. Lo llamativo de esta disputa iniciada en la Escuela de Pensamiento Rosario Acuña es que les garantes del marxismo auténtico asumieron los postulados del PSOE clásico para convertirse en personas sumisas a su posición política. Lo radical en términos marxistas son los intereses espurios de una sección del PSOE. Atiende. Pero no descartemos que sean solo unes despistades útiles que no lo saben.

No tengo una opinión formada concluyente sobre la teoría queer al ser una corriente bastante compleja. Mi opinión sobre un tema que conozco por unas pocas lecturas no importa demasiado. La mayoría de quienes dicen que es el mayor peligro para el feminismo demuestran saber poco de ella, hablando con un supuesto conocimiento que la razón no les otorga. No defiendo la teoría queer, pero estoy a favor de la despatologización de las personas trans y a favor de que se autodeterminen. Es una aberración asimilar la transexualidad a la pedofilia, y además no estoy a favor del trabajo sexual. Pues bien, todo esto es incompatible con las posiciones estancas que se han querido transmitir en el falso debate teórico. Basta con que señale que me horroriza la campaña de desprecio al colectivo trans para ser ubicado como defensor de la teoría queer y acabe siendo un putero y un proxeneta. Esta es la verdadera degeneración. La argumental. La que se ancla sobre falacias. Para saber eso no es necesario ser Engels ni Dworkin, simplemente tener pensamiento crítico para identificar a eses personajes que hacen de la deshonestidad intelectual su medio de supervivencia e influencia.

Se trata de ver cuestionada la posición de poder. El privilegio. Y este puede ser absoluto o en comparación con alguien. El feminismo siempre ha sido el ogro del marxismo reaccionario de nuestro tiempo, que tiene idealizado el sujeto político revolucionario y se niega a que se lo cambien. Siempre ha considerado las exigencias feministas una atomización de la única y verdadera identidad que debe guiar el cambio, la clase. La clase trabajadora como ente idealizado. Un mal que ha sido asumido por un sector del feminismo para considerar la mujer como sujeto político inamovible y que ve en otras identidades un elemento que desvía las auténticas reivindicaciones feministas. Marxistas que veían en el feminismo una amenaza y feministas que ven en las personas trans una amenaza. Se vive siempre mejor mirando desde arriba a algún colectivo. Tutelándole.

El marxismo no es un objeto de adoración que poner en una vitrina. Es una herramienta de comprensión del mundo para su transformación. Si de verdad el marxismo es tu guía no intentas modular el sujeto político revolucionario, simplemente trabajas con el que tu época te ha dado. No existe ninguna posibilidad radicalmente transformadora en el obrerismo actual, aquel sujeto político está mitificado y no se corresponde con su capacidad performativa en la actualidad. El ecosocialismo y el feminismo, y no el transexcluyente, sino el que se abraza junto a las mujeres trans en una pancarta, es el movimiento conjunto que tiene capacidad disruptora en 2020 para dar solución a los problemas de la clase trabajadora. Asúmanlo o échense a un lado, el sujeto político revolucionario de nuestros días es Greta Thunberg entrelazando los brazos con una adolescente feminista negra y una niña trans de 10 años. Una persona marxista se pondría detrás.