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La deportista, que deja el futbol para evitar el sufrimiento por los ataques recibidos, considera que «las leyes son muy necesarias para avanzar en derechos, pero no hacen nada si no van acompañadas de un cambio social»

Fuente (editada): LA VOZ DE GALICIA | Sergi Escudero | 14 JUL 2022

A sus 29 años, Valentina Berr ha decidido dejar el fútbol tras cuatro años compitiendo como futbolista trans, la segunda que lo hizo como federada en España, a causa del sufrimiento que, según explica en una entrevista con Efe, le provocó el tratamiento de su caso por parte de las instituciones, las redes sociales y los medios de comunicación.

Los problemas de salud mental que le comportaron estos hechos le llevaron a decir basta. Así, su carrera futbolística terminó en el Europa barcelonés, pero sigue luchando por el cambio social desde fuera de los terrenos de juego con el proyecto de divulgación La respuesta a todo, que intenta acercar la realidad cotidiana de las personas trans.

—¿Cuándo empezó su incomodidad en el mundo del fútbol?

—La incomodidad estuvo desde el principio. Yo comencé a entrenar en septiembre del 2018 y hasta finales de diciembre no empecé a jugar a causa de trámites administrativos federativos y legales.

—¿En el vestuario de los clubes en los que ha estado se ha encontrado a gusto?

—Sí. De hecho, en el fútbol en sí la convivencia ha sido normal. Pero justamente lo que tiene el fútbol femenino es que está fuera de la norma. No somos normales prácticamente ninguna de las personas que lo conformamos. Dentro de esa no-norma yo estaba muy cómoda aunque fuese la única mujer trans, porque me encontraba entre otras personas que tampoco entraban dentro de lo socialmente aceptado.

—¿Los problemas que sufrió vinieron entonces de las redes sociales y los medios de comunicación?

—Las redes sociales fueron una de las patas, aunque con el tiempo cada vez fue más fácil de gestionar. Ignorándolo ganas mucho. En mi caso me ayudó. Pero esto, sumado al tratamiento que hace la prensa de las mujeres trans dentro del deporte y de las mujeres trans en general, y de cómo gestionan estos casos las instituciones, me llevó a estar muy incómoda.

—¿En qué sentido le decepcionaron las instituciones?

—No es una decepción porque ya sabía cómo funcionaban y me lo encontré incluso antes de participar en el deporte. No tenemos que olvidar que con la ley actual las personas trans tenemos que demostrar que estamos enfermas para poder realizar los trámites administrativos de cambio de nombre y cambio de sexo registral. Así que no me sorprendió cuando me encontré con los controles de nivel de testosterona que se nos aplica a las mujeres trans cuando todas las mujeres podemos sobrepasarlos. Las instituciones crean normas que dan un mensaje de exclusión del deporte respecto a según qué mujeres.

—¿Y cuál fue el tratamiento que le molestó de los medios de comunicación?

—Me encontré con casos minoritarios, pero de mucho alcance. Viví una violencia hacia mí y hacia mis compañeras trans. Pero, por lo que respecta a la prensa, lo que más afecta a que el cambio social no se produzca es cuando se amplifican discursos de odio. Muchas veces se plasman como una opinión más, como si no fueran inmorales.

—¿En el día a día la situación no ha avanzado tanto socialmente cómo puede parecer desde fuera?

—El avance es lento tanto a nivel legal como social y político. Las leyes son muy necesarias para avanzar en derechos, pero no hacen nada si no van acompañadas de un cambio social. El progreso, además, no es lineal. En todo el mundo se está viendo cómo algunos colectivos perdemos derechos. Hay una falta de memoria histórica y se está permitiendo que perdamos derechos sin más.

—¿Cuál fue el motivo principal que le llevó a colgar las botas?

—El detonante que me llevó a la decisión de parar fue interno, fue mi salud mental. Llegó un momento en el que vi que no podía sostenerlo más tiempo. Pero vestirlo de una cuestión de salud mental te aleja de la causa real. No es que yo simplemente tenga una mala salud mental, si no que hay unas causas que me provocan estar tan mal.

 

 

 
 
 
 
 
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—¿Cree que en otro deporte hubiese sufrido menos?

—Te sorprendería lo extendidos que están en el resto de deporte los discursos de odio y las problemáticas que denuncio. En deportes en los que no hay una masculinización tan bestia como la natación se están haciendo normas igual o más restrictivas que en el fútbol. Está el caso de Lia Thomas, una nadadora trans de Estados Unidos que ha recibido un acoso descomunal.

—¿Quién le ha ayudado a sobrellevar el acoso que ha recibido usted?

—En mi caso lo he llevado bastante en silencio. También por un punto de desconfianza hacia todes les actores que conforman la sociedad. Además, yo pensaba: «¿Qué van a hacer? ¿Denunciar una a una a todas las personas que me acosan?» Busqué terapia, pero no es un problema individual. El cambio tiene que ser social y se tiene que abordar por parte de las instituciones de una forma más global.

—¿Iría bien que hubiese un caso mediático de un deportista español trans para que la sociedad avanzara más rápido?

—Evidentemente, estaría muy bien. Aunque ya le mando ánimos de antemano a esa persona. La situación no es favorable y tendría que hacer mucho terreno para abrir paso a las generaciones que vienen. Se habla muy poco del techo de cristal que hay, no solo en categorías de élite. La realidad es que no hay jugadoras trans, no es normal que solo haya una, dos o tres en toda España. Es evidente que hay algo que impide que haya más.