Fuente (editada): Forum Aragón | Fernando Andrés Rubia | DIC 2023

Marina Echebarría participó como ponente en las Jornadas organizadas por el FEAE de Castilla y León en octubre. Su intervención en la localidad de Peñafiel fue muy aplaudida y valorada en aspectos relacionados con la educación en igualdad
y el rechazo a la discriminación del alumnado. Entonces tuve la oportunidad de hablar con ella durante la pausa del café y quedamos en mantener una conversación más prolongada para las páginas de la revista. Marina es una mujer muy solicitada en diferentes foros educativos y legislativos. Por fin, el diez de noviembre pudo hacerme un hueco y mantuvimos ese diálogo pospuesto.

No quiero robarte demasiado tiempo, ya me imagino que tendrás la mañana complicada.
Tengo la mañana de papeleos, de balones fuera y de cosas similares…

O sea, de esas tareas que tanto nos gustan [risas]…
Llevo desde las ocho y media contestando correos, ajustando cosas, cambiando calendarios, imprimiendo los billetes de no sé qué… Y así, digo, ya son las diez y media, mejor, así que esto va a ser un descanso.

Me alegro, si te lo tomas así, perfecto. En primer lugar, me gustaría que me dijeras cómo suele ser la experiencia educativa y escolar de la niñez y de la adolescencia LGTBIQA+.
Bueno, afortunadamente ha cambiado, yo creo que hay un antes y un después, es lo primero que deberíamos tener claro. Y hay un antes en el que la experiencia de las personas LGBTIQA+ en la escuela era de persecución, de menosprecio, de  acoso… Mucha gente hacía un abandono temprano del sistema educativo o se veía forzada a vivir una ocultación constante y  permanente, y claro, cuando el problema era la orientación sexual, la ocultación era más fácil, pero cuando estábamos ante gente que tenía expresiones de género o de identidad sexual, la ocultación era mucho más difícil y el nivel de fracaso escolar era enormemente mayor.
Esto, de alguna manera, se convirtió en una causa de segregación escolar encubierta, porque no se cuantificaba, porque  como es un colectivo disperso que no se concreta en un sitio determinado, pues tampoco hay al final una cuantificación  precisa. Muchas veces el propio sistema escolar expulsaba a estes colegiales. Era el propio profesorado, muchas veces, quienes hacían la burla, quienes hacían el comentario, quienes tenían un comportamiento agresivo hacia el menor que manifestaba pluma o hacia quien manifestaba su orientación o su identidad sexual. Y esto era grave, esto era muy grave.
Afortunadamente en los últimos años, por la visibilización que ha tenido el colectivo LGBTIQA+ y por las luchas que ha habido por conseguir líneas de igualdad se ha normalizado que hay orientaciones sexuales, que hay expresiones de género y que hay identidades sexuales distintas. Y empezamos a tener escuelas en las que es normal una conversación entre chavales de doce y trece años: “fulanito de tal, ah ese es no binario, mengana de tal, ah, pero esa es bollera, tal no sé qué, pero ese es homosexual”. Entonces esto está dando, la posibilidad a mucha gente de hacer una vida normal y amparada en el sistema.
Pero todavía hay casos en los que no, todavía hay muchos colegios en los que hay acoso y todavía tenemos profesorado que no son conscientes de cómo deben tratar esto, que no saben abordar esto.
Por otra parte, el sistema no ha integrado esta diversidad sexual. Tenemos ya, ahora sí, los enunciados normativos,  legislativos que nos dicen que esto tiene que ser integrado en el sistema educativo. Pero todavía no hemos hecho el proceso de integración.
Las comunidades autónomas van aprobando poco a poco protocolos contra el acoso escolar por homofobia, por ejemplo, es más raro que haya protocolos que contemplen la identidad sexual. Muchas comunidades no lo tienen o no saben muy bien cómo tratarlo y no hay una formación del profesorado en estos temas. No hay una transversalización de la diversidad sexual en la educación. Entonces tenemos una tarea pendiente tremenda.

¿Hay muchas diferencias en los centros educativos respecto al trato a la diversidad sexual y de género?
En los institutos, en general, el sistema, la estructura del sistema es más propicia a que haya un tratamiento adecuado o a que se corrijan los tratamientos que, de alguna manera, no son adecuados. En la educación concertada no se puede hacer una regla general, tampoco, no se puede establecer un prejuicio. Hay colegios de educación concertada que han tenido conductas ejemplares.
Cuando hicimos el protocolo educativo de Castilla y León, por ejemplo, había diversos ejemplos que venían de la educación concertada religiosa. Concretamente teníamos un colegio de monjas de Miranda de Ebro que había hecho una integración fantástica de una niña trans y teníamos otro colegio que también era un ejemplo, pero igualmente teníamos otros ejemplos de expulsión del sistema. Es decir, el profesorado había reaccionado contra el alumnado, la dirección no había contenido ni había hecho formación al profesorado e incluso las familias habían fomentado, de alguna manera, acosar a esa persona menor. Una situación tremenda, algunas han terminado incluso en tribunales.
Entonces no se puede establecer una regla general. Normalmente, las estructuras de la pública, por el apoyo psicológico de los departamentos de orientación, los reglamentos de convivencia… es más fácil establecer una corrección cuando se dan casos de acoso, porque muchas veces en la educación concertada no está esta estructura bien implementada. Yo pienso que es eso y luego bueno, pues porque hay, efectivamente, algunos centros, y no tienen por qué ser ni siquiera religiosos, en los que, a veces, la dirección no es sensible a estas cosas o ideológicamente es muy contraria y entonces la conducta cuando aparece un caso, normalmente es expulsar a ese alumne y que se vaya al instituto. Es la primera opción que te ofrecen. ¿Por qué no se va al instituto que allí estará mucho mejor con sus pares? Aquí tengo un caso muy claro, en Valladolid y otro caso muy claro en la provincia, de la actitud de la dirección que al final lo consiguieron, consiguieron expulsar a menores.

Como has dicho, la formación del profesorado es escasa. Pero si se desarrolla ¿en qué línea debería ir esta formación?
Básicamente lo que comentábamos en el Congreso, es decir, estamos hablando de valores de ciudadanía, de valores constitucionales. Estamos hablando de que el profesorado lo que tiene que hacer es asumir esos valores constitucionales y eso implica que tiene que haber una aceptación de la diversidad del ser humano en todos sus aspectos culturales y también en la diversidad sexual.
No tiene por qué compartir mi visión de la vida o mi forma de vivir y puede considerar que, conforme a sus patrones religiosos, pues esto no es lo que quiere, pero debe tener muy claro el respeto a todas las manifestaciones del alumnado y del profesorado y de las personas que están en el sistema educativo. Tiene que asumir que el sistema educativo es un espacio de convivencia y de educación en valores democráticos y ahí está la inclusión, la inclusión social.
La formación tiene que ir en ese sentido, no tenemos por qué hacer apología de nada, pero sí que tenemos que hacer una  firme defensa de los valores constitucionales y de la inclusión social en el sistema educativo. Es un sistema en el que  ofrecemos paz, paz social, y la posibilidad del libre desarrollo de la personalidad a todas las personas que lo componen: a profesorado, a PAS, a alumnado… Fundamentalmente al alumnado porque estamos allí por elles. No nos olvidemos  nunca de que estamos en el sistema educativo por les alumnes.

Has dicho que la visualización es importante, pero también comporta ciertos riesgos para la persona que visualiza su diversidad. 
Obviamente, en algunos talleres de igualdad me decían: “qué bien, ha habido salidas del armario”. Y luego el problema es… bueno y esa salida del armario ¿va a tener el acompañamiento adecuado por parte del profesorado? ¿va a haber una supervisión discreta de que, efectivamente, esto no dispara ningún tipo de reacción? Porque es eso, todo es un proceso, no se trata solamente de decir: “bueno, va, y aquí está fulanito que es homosexual”. Es un proceso, es decir, en el colectivo en el que se hace esa declaración tiene que haber un seguimiento y un acompañamiento, porque si no, puede ser, a veces, hasta contraproducente.
Y es importante la visibilización por parte del profesorado. Es muy importante que haya profesores LGTBIQA+ porque dan una imagen de normalidad al alumnado, dan la imagen de que es posible estar en este sistema siendo homosexual, siendo  lesbiana, siendo trans. En ese sentido, no le voy a pedir a los profesores LGBTIQA+ que hagan una apología o que tengan la obligación de tener que exponer su intimidad. Pero lo cierto es que, si no tienen problema, están dando un mensaje de normalidad y de que es posible que en el sistema educativo se tenga esa diversidad. Eso es muy importante, porque da la impresión a todo el mundo de que efectivamente es posible. Lo peor que nos pasaba a la generación de la etapa represiva era sentir que tu vida no era posible. Era sentir que tus espacios no eran los espacios públicos, era la idea de que tú no podías socializar normalmente, y eso es lo que tenemos que combatir de una manera clara y decidida.

¿Cuáles serían para el colectivo LGTBIQA+ las consecuencias de una mala experiencia escolar o cuáles han sido las consecuencias de esa mala experiencia escolar?
Bueno, todo en función de las posibilidades de ocultación que tenía el alumnado, la gente que no era capaz de esconder su condición o que era puesta en evidencia y era acosada, normalmente lo que tenía era un abandono temprano del sistema educativo. Esto era especialmente claro y marcado en las mujeres trans y esto ha determinado que las mujeres trans de más de 35 o 40 años hayan tenido un paso por el sistema educativo muy malo, escaso y que hayan terminado muchas en un proceso de marginalización social.
Es el colectivo que tiene mayor índice de paro entre los colectivos de difícil inclusión laboral y eso normalmente derivaba, primero de un rechazo social, porque es una cosa que se comprende mal, pero en buena medida también del deficiente proceso de formación. Una gente que a los 16 años ya había huido del sistema educativo. Y entonces lo hemos pagado con marginación, hay una generación entera, muchas generaciones previas que lo han pagado con marginación.
Ahora estamos consiguiendo que la infancia trans se quede en el sistema educativo, terminen su proceso educativo con más o menos dificultades, pero lo están terminando y a partir de ahí podremos pedir que haya una normalización en el mercado laboral. Porque si consigues independencia económica consigues independencia en esta sociedad.
Pero hemos tenido generaciones que han perdido el tren de la educación. Esa sería la consecuencia y luego… no vamos a hablar solamente de la inclusión social y la inclusión laboral, vamos a hablar de las heridas emocionales. De la gente que ha vivido sin poder socializar abiertamente en su adolescencia. De la gente que mientras todo el mundo estaba con sus novios, sus novias…tenían que estar escondiendo lo que sentía, lo que podía estar viviendo porque no iba a ser entendido.
Ahí también hay muchas heridas emocionales. La generación del franquismo que vivió una represión brutal, las que han llegado a ser mayores de edad, arrastran unas heridas enormes.
Cuando vas a la Fundación 26 de Diciembre te encuentras unos cuadros psicológicos tremendos de gente que no ha podido hacer una socialización normal. Y durante años tuvo que vivir oculta, que no pudo nunca manifestar sus emociones en público. Entonces todo ese ejemplo que tenemos ahí en el pasado es la mejor base para saber lo que no queremos y no podemos hacer ahora.

Hablabas de una escuela más inclusiva ¿cuáles serían lo instrumentos para hacer que la escuela sea más inclusiva?
Bueno, pues deberíamos revisar un poco nuestros materiales educativos para ver si efectivamente son acordes a esa  inclusión. Deberíamos establecer con claridad los protocolos frente al acoso homofóbico y transfóbico.
Deberíamos revisar los idearios de los centros y manifestar públicamente que son un espacio de inclusión y de convivencia. Y deberíamos asumir esto como sistema educativo, como un valor y como una oportunidad. Esos son los pasos que nos  quedan por dar. Hemos empezado, afortunadamente creo que hemos empezado, pero nos queda mucha labor porque  concienciar a todo el sistema educativo, a miles de docentes, conseguir que todos los centros al final se hagan a la idea de que ellos también pueden tener un alumno que es gay, una que es lesbiana, que es trans, que tiene mucha pluma… concienciar a todos los centros nos va a llevar mucho tiempo.
He estado dando talleres de igualdad por institutos bastante tiempo y era muy curioso porque llegabas a un instituto de un pueblo y te decían: “Ah, bueno, pero aquí no tenemos ese problema porque no hay ninguno”. Cuando terminabas el taller se te acercaba una niña diciendo, con un niño de la mano; “venga, va, díselo, díselo”. Y resulta, pues que sí, que ese chico era homosexual, que sí que había salido, que tenía pluma, que sí, que había un acoso hacia ese menor… Salían cosas que de repente los departamentos de orientación se quedaban espantados. Pero ¿cómo ha podido ser que esto haya estado aquí delante de nuestras narices y no lo hayamos visto? Ese es el problema, la respuesta más intuitiva de cualquier alumne en esta situación es la ocultación, es esconderse. Si no entiende que tiene derecho a poder manifestarse, si no ve que es un espacio en el que puede manifestarse y desarrollarse libremente, lo que va a hacer es lo que hemos hecho todas en mi generación, que era soterrar, soterrar totalmente este tema y vivimos, con un cercenamiento, con un cercenamiento social y con un cercenamiento emocional. Nos lo tenemos que pensar porque en nuestras leyes estos objetivos están muy claros.

Precisamente te quería preguntar sobre el marco legal en el que nos movemos ¿hemos avanzado? ¿se aplican adecuadamente las normas?
El marco legal es clarísimo ya, es decir, tanto por el modelo de educación inclusiva que sale de la UNESCO, por un lado, como con los compromisos que tenemos con la Agenda 2030, por el artículo 27 de la Constitución, el apartado 10 que nos habla de fomentar el libre desarrollo de la personalidad.
Esto es un aspecto esencial del sistema educativo, la educación no está solamente para dar contenidos de matemáticas o de
historia, está también para permitir ese espacio de libre desarrollo de la personalidad y la formación en valores ciudadanos, en valores democráticos, en valores constitucionales… Y para enseñar la convivencia, el ejemplo de convivencia, el modelo es esencial
Nuestra Constitución es clarísima, nuestra ley orgánica de educación también es muy clara, ya ha optado claramente por ese
modelo de inclusión social y todavía, si alguien tiene alguna duda, tenemos, aparte de las legislaciones autonómicas que también han incidido en este tema, tenemos el derecho antidiscriminatorio de la ley 15/2022, la que llaman la ley Zerolo, o la ley 4/2010, la que se llama la ley trans. En las dos hay un claro mandato de que el sistema educativo tiene que ser un sistema inclusivo. Pasa lo mismo con muchas leyes autonómicas LGTBIQA+, de tal manera que el aspecto normativo no tiene ninguna  duda.
Muchas de las cosas que se están defendiendo como el pin parental, como el… “bueno, pero a mi hija la saco yo cuando hay un taller de formación en igualdad”. No, no, lo siento, pero no es así. Si es un taller formativo elegido por el centro, es  obligatorio, no es una opción. Usted no puede poner un paraguas sobre la formación cívica encima de su hija, porque el derecho a la educación le pertenece a la hija, hije o hijo, no a sus progenitores. Sus progenitores pueden elegir el modelo de educación a través del colegio, sea religioso o no, pero los contenidos educativos, los elige el sistema educativo en lo que se refiere a la formación en valores. Y no, usted no tiene derecho a que el sistema educativo se inhiba. Usted en casa le podrá decir a su criatura que sea racista, que sea un nazi, pero el sistema educativo no tiene por qué hacerle un paraguas para que usted sea la única voz que escucha. Tiene la obligación de transmitir los valores constitucionales, los valores democráticos, los valores de convivencia. Y no, no le podemos permitir a la gente que cree corros en la educación al margen de ese derecho de la persona menor a recibir ese mensaje.

Sin embargo, vivimos una época en la que esos discursos excluyentes y antidemocráticos cada vez se escuchan más.
Vamos a tener que combatirlo, esto es muy fácil, como docentes tenemos un deber, tenemos un mandato legal, se nos ha encomendado una labor y hemos adquirido unos compromisos al entrar en el sistema educativo. Tenemos la obligación de cumplir con nuestro deber y de plantarnos ante la gente que quiere convertir a les menores en una réplica de su modelo basado en el odio o de su modelo excluyente. Y además hay que demostrar la hipocresía que hay, porque fíjate, si aparece un padre diciendo, mi niña es musulmana y no puede hacer educación física, no puede mezclarse con los chicos, o sea, tiene que estar completamente tapada… Pues no lo respetamos, porque entendemos que esa niña tiene sus derechos y tiene derecho a recibir una educación igual que el resto y tiene derecho a recibir una educación que le permita ver lo que es esta sociedad y lo que le permite hacer. Entonces ¿por qué tenemos que hacer caso cuando llega alguien que dice no, mi hijo tiene que ser educado en una homofobia perfecta, la mía tiene que ser educada en la negación de las vacunas y de los avances biológicos? ¿Por qué se supone que tendríamos que hacer caso cuando sabemos que va contra los valores cívicos, contra los valores democráticos o contra los principios científicos? Porque la educación defiende eso, usted lo que me está diciendo es que le molesta el sistema educativo. Bueno, lo siento, hay una educación obligatoria porque es lo que ha optado por imponer esta sociedad, afortunadamente.
Sencillamente transmitiría a les docentes una idea muy clara, en esta guerra estamos todes, en esta guerra no cabe abstención, no cabe declararse al margen. Hemos aceptado un compromiso cuando hemos entrado en el sistema educativo y ese compromiso es la defensa de valores constitucionales, también, no solamente de los contenidos que yo transmito a les menores, sino también de un modelo de convivencia. Y ese modelo de convivencia es irrenunciable, no podemos decir yo me limito a enseñar matemáticas, no. Usted es un ejemplo de ese modelo de convivencia y también transmite valores, entonces todos estamos en esta guerra. Nos demos cuenta o no, algunes estarán más en primera línea porque les toca hacer pedagogía con esto, pero todes estamos en esta batalla.

Gracias Marina por tus palabras y por tu tiempo…
Yo te lo agradezco además viniendo de Aragón. Me gustaría decir que Aragón era la Comunidad Autónoma que en política de igualdad iba por delante de toda España. Repito, iba por delante de toda España, lo que estabais haciendo en Aragón era espectacular y ahora de repente lo han quitado todo. De repente, hemos pasado a la omisión, ha desaparecido. De todas formas, por mucho que quiten políticas de igualdad, creo que cada persona que está en su puesto de trabajo se mantiene en un frente de batalla por la convivencia y la igualdad.

Marina Echebarría Sáenz es catedrática de derecho mercantil en la Universidad de Valladolid y activista LGTBIQA+. En 2020 se convirtió en la primera mujer trans catedrática de una universidad española. Como especialista en derecho es autora y coordinadora de numerosos libros y artículos y ha participado en varios proyectos de investigación académica. Forma parte del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Valladolid. Como activista ha colaborado en la elaboración de varias leyes autonómicas de identidad sexual y ha formado parte, como experta, del grupo de trabajo que elaboró la ley de rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas.