Fuente (editada): LA VANGUARDIA | Macarena Soto | 21 MAY 2022

Loren lleva tres años en España, primero en Málaga y desde hace un año y medio en Madrid, donde no ha conseguido encontrar un empleo por, según denuncia, ser una mujer trans: «he hecho cursillos (de formación) y todas mis compañeras tienen empleo, menos yo».

En una entrevista con EFE, esta colombiana explica que llegó a España tras sufrir un ataque en su ciudad de origen que casi la deja paralítica y la obligó a emigrar y solicitar asilo.

«Me hicieron un atentado, me impactaron dos veces por la espalda con arma de fuego, cuando vi que mi vida corría peligro era mejor venirme, corrí con la suerte de tener una buena amiga en Alemania que me ayudó a salir y para protegerme como mujer y como mujer trans», rememora.

En su tiempo en España, Loren solo ha conseguido trabajar durante unos meses como camarera (sin contrato) en Fuengirola, una ciudad costera del sur, y tras la pandemia tuvo que pedir ayuda a la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) que le dio acceso a uno de sus programas.

Gracias a ello, hoy comparte casa con otras mujeres en Móstoles (Comunidad de Madrid) y ha podido formarse en atención sociosanitaria para, como es su deseo, poder trabajar cuidando personas mayores.

«En Madrid no he trabajado porque se me han negado oportunidades, al quitarme la mascarilla en una entrevista me dicen que no… muchas veces me he sentido derrotada», comparte.

Loren enumera varias experiencias en las que se le «negaron» oportunidades laborales por ser trans y reclama a las empresas contratadoras que no se fijen en su identidad sexual sino en sus capacidades como trabajadora y persona.

«Soy un ser humano y soy muy sensible y cuando me han pasado esas cosas me he sentido mal porque no todas las mujeres tienen vagina. Yo soy una mujer», dice.

Recuerda que el suyo no es un caso aislado sino «del colectivo trans en particular y del LGTBIQ+ en general»: «por el hecho de ser trans nos niegan la oportunidad», concluye.

«He sentido la discriminación en muchas partes porque mucha veces al ver que soy una personas trans me cierran la puerta, muchas veces me hacen la entrevista por hacerla pero nunca me cogen», lamenta.

LA HISTORIA DE LOREN, TAN SOLO UN EJEMPLO DE LA DISCRIMINACIÓN

La historia de Loren es solo una de las que da forma al informe de CEAR «Lucha contra la discriminación en el ámbito laboral por razones de orientación sexual e identidad de género», que quiere poner sobre la mesa las dificultades que sufre la comunidad LGTBIQ+ para lograr un trabajo.

El estudio parte de entrevistas y trabajos con 62 personas LGTBIQ+, 33 españolas, 24 latinoamericanas, tres africanas y dos rusas, para llamar la atención de empresas, sindicatos y otros actores sociales para buscar fórmulas de inclusión.

Para la psicóloga responsable de los servicios centrales de CEAR, Mari Angeles Plaza, este informe parte de algo muy importante, la propia voz de las víctimas.

«Validar y reconocer la voz de las personas supervivientes es el primer paso para empoderar y no revictimizar a personas que muchas veces están invisibles, les damos voz para que puedan ser escuchadas y reconocidas en su valía, en su opinión y en su sufrimiento personal», explica a EFE.

LAS MUJERES TRANS MÁS EXCLUIDAS QUE LOS HOMBRES TRANS

Según cuenta Plaza, las mujeres trans son víctimas de más exclusión que la que sufren los hombres trans.

«Es la violencia estructural, cuanto más nos alejamos de la heteronormatividad, más violencia y más rechazo hay, y la suele recibir la mujer trans, porque en el caso de los hombres trans, nada que ver, ellos trabajan como uno más», analiza.

En el caso de las mujeres trans migrantes, la incorporación al mundo laboral «es muy compleja, la mayoría se tienen que dedicar a la prostitución y las que no, y consiguen un trabajo de limpieza o cuidado de personas mayores, al final también están discriminadas», continúa.

Las mujeres trans que logran encontrar estos trabajos acaban teniendo la «sensación de que deben algo, que se deben adaptar, ocultarse, por miedo al rechazo y al despido».

Y es que estas mujeres, acaban en el centro de la «interseccionalidad» de la discriminación, donde todos los factores diferenciados acaban sumando.

«Hay muchas barreras: inmigrante, refugiada, racializada, ser regular o irregular, la clase, la cultura, la educación, la orientación e identidad sexual, el idioma.. si esos ejes los vas combinando llegamos a las mujeres trans migrantes racializadas que probablemente en esa cadena sean las más dañadas», matiza la psicológica. EFE