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Fuente (editada): ADN Agencia Digital de Noticias | 20 de noviembre de 2019

Avanza en el Congreso el proyecto de la diputada Silvia Horne (FdT) que rechaza la asignación compulsiva de la categoría sexo en el Documento Nacional de Identidad, permitiendo el reconocimiento de identidades no binarias. Ayer fue tratado en la comisión de legislación general, que preside Daniel Lipovesky (Juntos por el Cambio).

Actualmente, la Ley de Identidad de Género permite el cambio de la identidad sexual en el DNI, pero manteniendo las categorías binarias varón-mujer. El proyecto podría ser tratado en el recinto en la última sesión del año con la actual composición de la Cámara de Diputados, el próximo 30 de noviembre.

El proyecto de la diputada rionegrina propone la eliminación de la categoría sexo porque dar la opción a la inscripción de otras categorías “genera tal multiplicidad de variantes, lo cual lo torna inviable”. Hubo voluntad y coincidencia en abordar la problemática en la comisión, con distintas visiones a la hora de encontrar una solución. Otras alternativas son el reconocimiento de categorías de género como ‘fluido’, ‘indefinido’ o ‘no binario’, como se adoptó en provincias como Neuquén o Mendoza o en otros países, como es el caso de Alemania, Australia, Nueva Zelanda, Nepal, India y Canadá, entre otros.

“Estamos tratando un proyecto de ley que tiende a dar respuesta a la vulneración de la integridad de las personas a partir de la asignación compulsiva de sexo en los documentos públicos y privados. Esta asignación compulsiva entendemos que afecta la integridad, la autonomía y la diversidad corporal de las personas. Esta asignación compulsiva responde a una falsa noción de sexo, basada en la morfología biológica y rasgos físicos al momento del nacimiento, y que tiene entre otras consecuencias la de intentar “normalizar” mediante tratamientos médicos irreversibles, intrusivos, para adecuar las personas a estándares que devienen de una necesidad de adecuar los cuerpos a una estética funcional, basado en estándares médicos de asignación sexual o “normalidad”. Estas prácticas, invasivas, mutilantes, que se aplican sin el consentimiento libre e informado, con riesgos para la salud integral, física y psicosocial, configuran una práctica de tortura, tratos inhumanos o penas crueles, que deben erradicarse”, expresó la diputada nacional Silvia Horne en la reunión de comisión.

Señaló también que “por otra parte consideramos que registrar la categoría de sexo en los documentos públicos es irrelevante, no solo porque está en contradicción con el derecho consagrado en la ley de identidad de género, que preserva el género autopercibido, sino porque la sexualidad de una persona corresponde a su esfera privada. La categoría sexo es falsa en cuanto no alcanza a conceptualizar una verdad. Las características sexuales varían según cada persona, y comprenden la genitalidad y cualquier otra anatomía sexual y reproductiva, (cromosomas, gónadas, hormonas, capacidad de las hormonas) y caracteres físicos secundarios que emergen de la pubertad”.

“Cuando el conjunto de datos no se corresponden con ese falso binomio hombre-mujer, o incluso cuando no se verifica el relato de correspondencias entre “características sexuales”, en lugar de cuestionar la construcción conceptual, se violenta la diversidad corporal con prácticas registrales y médicas, que remiten a violaciones de derechos muy graves. Por eso este proyecto no solo puntualiza sobre la irrelevancia jurídica y la improcedencia de la categorización y registro de las personas en razón de la selección de algunas de sus categorías sexuales, sino que también se dirige a erradicar la utilización de esta falsa noción que favorece discriminaciones históricas”, manifestó la diputada rionegrina.

Silvia Horne destacó también que “en los años 70, el desarrollo de los feminismos irrumpe la categoría, procurando derrotar los estereotipos vinculados a la identidad sexual, y a los roles y posiciones de poder basadas en el sexo. Comienza por diferenciar ‘sexo’ de ‘género’, considerando al género una lectura cultural del sexo biológico, asignado dicotómicamente según la anatomía. Luego va a mostrar que las diferencias de género atraviesan toda la vida social, dividiéndola y organizándola simbólicamente. Si bien ello permitió desnaturalizar los roles femenino y masculino, nunca se llegó a discutir la supuesta “naturalidad” del sexo”.

Apuntó también que “actualmente, además de cuestionar la legitimidad de los estereotipos construidos por prejuicios sociales en base a supuestas “diferencias sexuales”, se cuestiona incluso el carácter de materialidad inapelable del sexo”.

Finalmente, la diputada por el Frente de Todos afirmó que “los estudios de género y sexualidades plantean el sexo como una intepretación histórica y cultural que se hace sobre ciertas diferencias anatómicas o fisiológicas, especialmente sobre la genitalidad. Esas lecturas de los cuerpos se hacen se basan en paradigmas medico/científicos y se adjudican a la biología. Sin embargo, el sexo anatómico, su propia presunta dicotomía, es producto de una lectura ideológica. Una ideología de género que antecede a la lectura misma de los genitales, que es lo suficientemente fuerte para disciplinar los cuerpos cuando no se adaptan a la lectura que se espera de ellos. Por ello es importante, y este proyecto así lo entiende, no solo desarmar el binomio registral hombre/mujer en razón de la diversidad corporal, sino también deconstruir la falsa categoría de sexo y desbiologizar la sexualidad”.