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Autora: Ananda Gallego

Hace un año de aquella mañana, en la que tú ibas al colegio completamente feliz y transmitiendo una seguridad que nunca antes habíamos visto en ti, mientras nosotres caminábamos a tu lado, con el miedo agarrado al corazón por lo que pudieras encontrarte…

Estabas tan ilusionada que me faltaba el aire al pensar que alguien, desde la falta de información o los prejuicios, pudiera romper esa felicidad.

Hace un año que, dándonos una lección de coraje totalmente magistral, dijiste «basta, no voy a disfrazarme más, voy a contarle al mundo quién soy». Y lo hicimos. Y aquella mañana te observamos alejarte por el pasillo del colegio, acompañada por el director, rumbo a tu clase, arrastrando con alegría tu mochila nueva. Te habías gastado casi todos tus ahorros en esa mochila, un nuevo estuche y unas deportivas, lo suficientemente rosas y brillantes para que quien quiera que te viera pudiera leerte correctamente.

En tu clase te recibieron con globos, cariño y apoyo, y, al recogerte, llevabas una bolsa llena de dibujos con tu nombre, en los que te decían lo valiente que eras. Al verte, por fin, respirábamos, después de semanas de dudas y de incertidumbre. Todo salió genial. Pero, ¿sabes una cosa? Aunque no hubiera sido así, si volviéramos atrás en el tiempo lo hubiésemos hecho igualmente. Y ojalá hubiera sido mucho antes. Ojalá hubiéramos tenido la información suficiente para saber interpretar lo que sucedía, mucho antes…, porque verte brillar como lo haces ahora no tiene precio.

Tu tránsito (¡¡bendito tránsito!!) ha sido un regalo para las personas que convivimos contigo, nos ha dado la oportunidad de aprender más que en cinco vidas juntas, y de crecer en todos los sentidos. Y si un millón de veces volvieras a nacer, un millón de veces desearía que fueras exactamente tal y como eres, una persona trans orgullosa y absolutamente maravillosa. No sé qué te deparará la vida, igual que a cualquier otra persona, pero lo que sí sé es que estaremos a tu lado, saltando de la mano cualquier piedra que se cruce en tu camino. Y que ninguna de esas piedras hará jamás que compense más otra cosa que vivir con la cabeza bien alta siendo una misma.

¡Feliz primer cumpletrans, niña valiente!