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Fuente (editada): AIM | Marce Butiérrez | 09/08/2021

La deportista neozelandesa, que debutó en los Juegos Olímpicos en levantamiento de pesas, no consiguió llegar a la final. Debió enfrentar otras cargas además de la competición: su intervención reavivó el debate sobre las ventajas que podría tener una atleta trans sobre sus pares.

Laurel se enfrentó a los 120 Kg. más pesados de su historia. Esos discos a cada lado de la barra llevaban consigo la presión de responder a las opiniones cruzadas sobre su sexo. En ese objeto, que debe levantar sobre su cabeza con los brazos extendidos, siempre se cifraron expectativas.

En su adolescencia se inició en la halterofilia como una forma de reafirmar su masculinidad ante las miradas del resto. Laurel, de 43 años, dedicó toda su vida a este deporte, entrenó miles de horas, expuso y sacrificó su cuerpo en cada arrancada, construyó un destino extremadamente pesado y lo levantó con toda su fuerza. Sin embargo, pareciera que toda su carrera se dirime hoy en el terreno de la biología, sin importar su capacidad o su esfuerzo. Se está discutiendo mucho sobre la “ventaja” biológica con la que nació. Laurel Hubbard, es presentada como la primera atleta trans en competir en los Juegos Olímpicos.

Tras la decisión del Comité Olímpico Internacional (COI) en 2015 de aceptar la participación de personas trans sin que estén obligadas a someterse a cirugías genitales, el debate sobre las presuntas ventajas que podría tener una atleta trans sobre sus pares se ha reavivado. Contada de esta manera, la noticia parece ser la apertura de criterios del COI. Aún siguen siendo factores “biológicos” los que determinan la participación de atletas trans, de hecho, Laurel Hubbard debió demostrar que sus niveles de testosterona están dentro de los valores “habituales” para una mujer. Valores arbitrarios que toman como punto de partida una discutible media de mujeres cis blancas occidentales, que deja fuera a atletas cis negras. Además, no podrá competir bajo otra adscripción genérica distinta durante el lapso de cuatro años. Estos criterios impuestos por el COI obligan a las personas trans a construir su propio sexo y género a las sombras de los modelos cis.

La figura de Laurel debe encajar dentro de la “normalidad” que en este caso (y otros) tiene nombre de mujer.

La vida de Laurel estuvo atravesada por las opiniones de otras personas. Hija del Alcalde de Auckland (Nueva Zelanda) y educada en un colegio de chicos, debió esforzarse por mostrarse de acuerdo a los parámetros esperados para su sexo asignado al nacer. El levantamiento de pesas fue la forma que Laurel encontró para vigorizar su imagen corporal y participar del mundo de los hombres. Pero tras haber ganado algunos campeonatos juveniles decidió apartarse de la disciplina a los 20 años, cansada del peso que debía soportar. A los 32 años comenzó su propio tránsito y retomó el levantamiento de pesas hasta llegar actualmente a clasificar para los Juegos Olímpicos.

“¿Cuál transición? Sólo se dejó crecer el cabello”, dice una joven en Twitter. Otras se prenden de la pavada y hacen bromas sobre los genitales de Laurel. Una manada de mujeres cis cuestiona la feminidad de Laurel utilizando el mismo parámetro que el patriarcado usa con ellas. En nada se diferencian estos señalamientos de los que Laurel recibía en la escuela de parte de los varones. Su participación en los Juegos Olímpicos estuvo atravesada por las críticas de otras atletas que la consideraron una broma de mal gusto. Algunas hasta vaticinaron el descalabro final de la disciplina y la posibilidad de ser “invadidas” por algo distinto a la hegemonía cis. La batalla cis vs. trans parece ramificarse sin límites y amenaza con romper para siempre la unidad construida por los feminismos como respuesta al poder patriarcal.

Finalmente, de un lado y de otro lo que Laurel encontró fueron normas y expectativas ajenas a las cuales satisfacer. ¿Cuánto más deben hacer les atletas trans para validarse ante el mundo? Las feministas radicales trans-excluyentes y los sectores conservadores interponen el mismo discurso de la biología para discutir nuestros cuerpos y capacidades. Pero aun cumpliendo aquellas expectativas se ciernen sobre nosotres el deber de performar una transexualidad acorde a una ley superior que desciende del cielo cis como una palabra divina, como una segunda naturaleza que no se puede romper.

Laurel intentó levantar esos 120 Kg. de presiones, mandatos, expectativas, normatividades y críticas, y no lo consiguió. En su segundo intento ni siquiera consiguió alzar la haltera del suelo. Si hubiese ganado habrían dicho que fue por la ventaja de su biología. Después de verla perder ya hay quienes sugieren que lo hizo para esconder sus verdaderas capacidades y dar ventaja a la ideología queer. En cualquiera de los casos Laurel es una sospechosa, una furtiva monstruosidad intentando robar alguna esencia inalterable, apropiándose de una verdad indiscutible sobre los cuerpos. Finalmente, no consiguió levantar las pesas y quedó última en la clasificación. Su colosal figura, que supera los límites de la media, sale de la escena rendida ante tanto peso, pero nada le roba la emoción de haberlo intentado. Laurel puso un pie adelante para trazar un camino en donde se pueda disfrutar del deporte, aun rompiendo las reglas del patriarcado.