Fuente (editada): The Conversation | María Alonso Colón, María José Belza, Paule Gonzalez-Recio y Sara Moreno García | 16 MAR 2025

Parque de la Ciutadella, Barcelona. Madrugada del 6 octubre de 1991. Un grupo de seis jóvenes neonazis se dirige a la glorieta de los Músicos, donde duermen Sonia Rescalvo y Doris Romero. Les dan una brutal paliza, asesinan a la primera y dejan gravemente herida a la segunda. Acto seguido, apalean a tres personas sin hogar y después abandonan a las víctimas y se marchan a un bar.

Este fue el primer asesinato tránsfobo documentado en la historia de España, aunque es imposible no preguntarse cuántos habrán quedado sin registrar.

Este crimen da cuenta de cómo la transfobia permeaba toda la sociedad española de la época. La persecución legal de las personas LGBTIQA+ se llevaba a cabo bajo el amparo de la Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social, una herramienta de represión de la dictadura que encarcelaba a personas queer por sus identidades. Aunque fue derogada en 1978, el delito de escándalo público se mantuvo hasta 1988. Sin embargo, estos mínimos avances legales, que simplemente eliminaban la pertenencia al colectivo como delito, tardaron muchas décadas en ir acompañados de medidas reales de protección.

Han pasado más de treinta años desde aquel octubre de 1991, pero las personas trans siguen enfrentándose a discriminación, violencias y exclusión política y social. A pesar de la retórica contemporánea que defiende la diversidad, la realidad es que las experiencias trans no se estudian.

El informe Transaludes, que publicamos a finales de 2024, pretende llenar ese vacío de información. Para ello llevamos a cabo una encuesta online en la que participaron unas 2000 personas trans y no binarias de 15 años o más y residentes en España.

Un colectivo muy vulnerable a la violencia

La salud es un todo, un conjunto de factores sociales, biológicos, políticos y económicos que se cruzan de diversas maneras. Por lo tanto, no es suficiente tener un cuerpo y una mente sin enfermedad, sino que deben darse otras circunstancias favorables para poder afirmar que “por lo menos tenemos salud”.

En este sentido, la violencia es un factor tremendamente perjudicial para la salud de cualquier colectivo. Las personas trans son especialmente vulnerables a sufrir violencias tránsfobas en multitud de contextos, lo que tiene hondas repercusiones en su bienestar.

Casi la mitad de las personas encuestadas había sufrido comentarios o miradas ofensivas en los últimos doce meses y una de cada diez había sido agredida físicamente. Además, una gran proporción identificó esta violencia como fuente de ansiedad, depresión, problemas para dormir, miedo a salir de casa e incluso pensamientos suicidas.

Es especialmente relevante que solo una de cada diez personas dijera haberse visibilizado por completo en todas las esferas de su vida. Los ámbitos educativo, laboral y sanitario fueron los que presentaron una mayor proporción de invisibilidad, posiblemente debido a una menor sensación de seguridad, más miedo y experiencias previas de violencia y discriminación en estos espacios.

Ansiedad y pensamientos suicidas

Casi la mitad de las personas encuestadas manifestó tener una salud regular, mala o muy mala. El principal problema es la salud mental. De hecho, en los últimos doce meses aproximadamente la mitad de les participantes declararon tener diagnóstico de ansiedad. Es importante tener en cuenta que la salud mental está muy influenciada por las situaciones de discriminación y otros tipos de violencia.

Las consecuencias de la exclusión son tales que aproximadamente ocho de cada diez personas no binarias y hombres trans y dos de cada tres mujeres trans han pensado alguna vez en quitarse la vida.

Una de las razones por las que este colectivo tiene peor salud es porque sus necesidades sanitarias no están del todo cubiertas, especialmente en el caso de la salud mental. La falta de recursos económicos se identificó como un factor limitante a la hora de acceder a estos servicios sanitarios.

Debido al miedo de experimentar un trato discriminatorio por parte del personal de los centros sanitarios, un número significativo de personas expresó que evitaba solicitar atención médica.

Listas de espera y discriminación sanitaria

También influyen las largas listas de espera. Seis de cada diez personas respondieron que el acceso a servicios relacionados con la transición médica o quirúrgica fue demasiado lento. El proceso de transición es único para cada persona y hay personas que deciden seguir tratamientos hormonales (administración de testosterona o estrógenos, por ejemplo) y/o quirúrgicos (mastectomía o vaginoplastia).

Aunque no todas las personas trans y no binarias deciden someterse a este proceso, para muchas es un paso clave en su reafirmación identitaria. Para algunas personas representa una medida sumamente importante, ya que tiene profundas repercusiones en su bienestar, su salud y su calidad de vida, además de contribuir significativamente a la reducción del sufrimiento emocional. Por lo tanto, el hecho de que el sistema sanitario no pueda ofrecer una atención a tiempo a este colectivo es un importante problema a nivel de salud pública.

Además, más del 80 % de las personas dijo haber experimentado situaciones de miedo o discriminación en el contexto de los servicios sanitarios y casi la mitad no se había atrevido a revelarle al personal sanitario su identidad como persona trans o no binaria. Una de cada diez se había visto forzada a someterse a exámenes médicos o psicológicos y algunas personas reportaron haber sido víctimas de acoso verbal o insultos en consulta.

Quien visite hoy la glorieta de los Músicos encontrará una placa en recuerdo de Sonia Rescalvo:

En aquesta glorieta va morir assassinada el 6 d’octubre de 1991 la transsexual Sònia a mans del feixisme. Nosaltres no ho obliden.

(En esta glorieta murió asesinada el 6 de octubre de 1991 la mujer trans Sonia a manos del fascismo. Nosotres no la olvidamos).

Hoy podría parecer que ya está todo hecho, que la igualdad existe, que las personas trans tienen los mismos derechos que el resto y que la lucha ya ha terminado. Los resultados de nuestra encuesta muestran que no. La lucha de hoy sigue siendo la de ayer. Las personas trans no solo sufren violencia y transfobia, sino que además se enfrentan a unos problemas de salud específicos y en mayor proporción que el resto de la población.

Sigue habiendo discriminación y desigualdad y olvido. Sigue habiendo cuerpos ignorados y puertas cerradas. Sigue habiendo personas que tienen que resistir para existir.