Autora: María José Guerra

Aún recuerdo el día que entraste por primera vez a tu clase de ballet, cómo te brillaban los ojitos al ver a tus compañeras con sus tutús rosas, y muy calladita y aplicada te sentaste junto a mí. Pasaban los días y te observaba. Me daba cuenta de que algo no iba bien. Se te veía feliz en clase, pero algo no encajaba. Recuerdo cuando improvisabas junto a las otras niñas acompañadas de la música de princesas y cómo te fijabas en sus vestidos al girar. Tú llevabas tu panty negro y una camiseta blanca. Te mirabas al espejo y no te gustabas. Sentía tanta angustia al observarte…

Para que te sintieras feliz, te llamé y te pregunté si querías que te recogiera tu hermoso pelo rubio para que no te molestara, pero mi intención no era otra sino verte feliz ante el espejo; por eso te hice una trenza. ¡Tu expresión cambió radicalmente, se te veía tan feliz! No parabas de mirarte y acariciar tu trenza.

Hoy me siento orgullosa de ti, de haber formado parte de tu vida, de la suerte que tengo de haber vivido esta etapa junto a ti y a tus maravilloses adres. No te imaginas la suerte que tengo de tenerte en mi vida, mi pequeña princesita.

No me queda más que decir que te admiro, pequeña guerrera, por conseguir ser quien eres ahora o, mejor dicho, por mostrar al mundo quién eres realmente, una niña que solo quiere ser libre. Admiración también por tus adres, por el apoyo y el amor tan grande que demuestran, porque lo han dado todo por tu felicidad y al fin lo han logrado.

¡Siempre adelante y con paso firme, Lois! Quienes te queremos y conocemos, siempre estaremos junto a ti, acompañándote en tu camino, porque la vida debe ser como la danza, en constante movimiento, con armonía y, sobre todo, expresando y transmitiendo lo mejor de ti.

¡NUNCA DEJES DE DANZAR!

Tu profesora que te quiere,